26 de febrero de 2019

Menos tu vientre, ¿todo es confuso?

Por Fabiola Martínez 

Narrar esta etapa de mi vida equivale a repetir charlas interminables de madres, tal vez por esta razón me costó trabajo encarar esta entrega, pero aquí está, una historia más de una futura madre...

Después del ajetreo de la boda, comencé a cuidar de mí y del embarazo. Recuerdo que me canalizaron a un edificio donde estaba mi clínica. Un lugar que nunca vi a pesar de su cercanía con el besaravski rinok (nombre de un mercado).

Luego de recetarme lo pertinente para el embarazo, compartí con la doctora el fuerte y constante dolor abdominal que tenía.

-Debes guardar reposo y tomar vitamina E
-¿Por cuánto tiempo el reposo?
-Puedes ir a clases pero trata de descansar después, no hagas esfuerzo.
-¿Algún día se me quitará el dolor o el embarazo está en peligro?
-Lo usual es que el dolor permanezca hasta que el feto se afianza dentro de tu vientre.

Obedecí a todo, además de enfrentarme a un espantoso carrusel hormonal que me llevaban a comportarme como una bipolar. Mi amiga finlandesa Rita fue de gran ayuda, me
explicó todo lo que sucedía. La verdad es que, entre la extrema valoración de la sociedad patriarcal y el fenómeno animal que provoca la maternidad, el embarazo es pintado como hermoso de principio a fin. Pero en verdad es un proceso complejo y lleno de cambio que todo lo confunden, en mi caso provocó que se me cerrara el mundo.

Afortunadamente la sabia naturaleza compensa ese proceso. Al término del trimestre le dije adiós a los dolores y a la locura hormonal. Sólo me quedé, desde entonces, con la lágrima a ras del párpado, a puntito de salir a cada instante. No me pude deshacer del enorme calor, ni del malestar provocado por los lugares encerrados. Si bien es verdad que nunca tuve un sólo vómito, también es cierto que me alimenté, básicamente, de jitomate y pepino encurtidos. Por ello perdí mucho peso.

El apetito volvió para quedarse. Los más de tres kilogramos perdidos fueron recuperados gracias a mi apetito voraz. Recuerdo que mi amiga Amal me acompaño al comedor de la Facultad de Cultura Física, porque la comida de allí me encantaba. Ese día comí tanto, que ella me dijo: "cuando me dijiste de tu embarazo no lo creí, sólo ahora que te veo comer me es posible creerte.

El clima tuvo un papel favorable, la primavera se asomaba con rapidez y, aunque yo me sentía triste porque Valery tenía que irse a su país, las largas caminatas de regreso del instituto fueron de gran ayuda para mi salud. Ellas me dieron la oportunidad de disfrutar mi ciudad con la certeza de que había comenzado la cuenta regresiva, saturé mis cabeza con recuerdos de casas, gente, parques y jardines. Viví un romance contradictorio con mi hermosa ciudad. La quería conmigo, era parte de mí, y al mismo tiempo quería terminar ya con esa etapa de mi vida.

Bien dice la letra de la canción de Joan Manuel Serrat: "No hay nada más amado, que lo que perdí". Hoy, mi gran anhelo, es regresar a esa ciudad donde fui tan feliz, donde aprendí tanto, donde tuve a la mejor familia...

En una entrega pasada hablé de los regalos que me trajo el año 2018, un reencuentro con Amal, Rashid y Jamal, mis amados hermanos palestinos. Nunca pensé extrañarlos tanto y, sin embargo, cuando tuve la oportunidad de estar más cerca de ellos, mi embarazo me llevó a tomar decisiones que lamento, porque hice muy grande la brecha entre ellos y yo.

En mi caso, conservar las ilusiones es lo que motiva mi vida, por muy pesadas que sean las circunstancias. Tengo fe en el destino y creo que pronto los podré ver, abrazarlos a todos es un anhelo muy grande. En ese abrazo incluyo también a Riita, que fue mi mejor ayuda, a Natasha, Belinda, Isa Morais, Lefteris, Jenny (de Tailandia) y también a mis maestros, sólo con uno de ellos tengo enlace en Facebook. Me encantaría volver a ver y conversar con mi maestro de Literatura Serguei Fateev.

El título de esta entrega es un juego de palabras que hice con la letra de un poema de Miguel Hernández, quizás a él, como a otras personas, el proceso de dar vida a otro ser es un asunto que da certeza, y su perspectiva es hermosa, pero tan poco apegado a la realidad.

Tener un hijo es un proyecto de vida que dura toda la vida de la madre, es una decisión trascendental que no debemos tomar a la ligera. Las mujeres lo vivimos en una vorágine hormonal inexplicable que provoca enormes confusiones y tropiezos. Quizás es por ello que agudizamos nuestra obsesión de control, ya que, si no fuera por el gran papel del instinto maternal, quién sabe qué sería de nosotras.

Dice un refrán que, si del cielo te caen limones, debes hacer limonada. Yo continúo capitalizando mi experiencia juvenil para documentarme y aprender sobre las implicaciones de un embarazo en edades tempranas. La educación sexual así como la maternidad y paternidad juvenil es uno de mis temas favoritos. Tal vez se deba a que aún creo que hubiera deseado que como parte de mi educación me hubieran hablado del tema con honestidad y claridad, haciendo a un lado el velo *Mariano.

El tema de la paternidad y maternidad es algo que seguiré trabajando y, ahora que cuento con una socia igualmente especializada e interesada en el tema, estamos preparando interesantes cursos al respecto. Esperen noticias por este medio.

*Mariano. De María, en este caso hago referencia a la carga cultural que tiene la virgen María en la formación judeo-cristiana de mi país.

En una cena de parejas cubanos, soviéticas y mexicana.
Al tomar esta foto ya era evidente la cantidad de peso que había perdido



6 de febrero de 2019

Abrir un nuevo capítulo...

Por Fabiola Martínez

Desde temprana edad, por la influencia de mi hermano Adolfo yo escuchaba una y otra vez el poema de Machado en la voz de Joan Manuel Serrat. En ese tiempo, creo, la canción me gustaba no sólo por la costumbre de escucharla una y otra vez, sino porque la música me parecía , ¿cómo decirlo?... Con una fuerza que transmitía el vigor para comerme a la vida, en aquel tiempo para mí significaba un impulso, felicidad, el poder de echar pa`lante con toda mi fuerza. 

Hoy, además de la anterior se suman otras lecturas que surgen de preguntas que me hago todos los días sobre mi vida pasada, por ejemplo cuando escribo el blog; sobre todo por  mi vida futura, cuando veo, siento y vivo la incetidumbre de un nuevo gobierno que sólo da tumbos provocando una incertidumbre insólita para la industria editorial, que ha sido parte medular de mi crecimiento personal.

Y aquí estoy, nuevamente reflexionando sobre la trayectoria de mi vida en la URSS, relatando los sucesos posteriores a mi boda, un suceso que abrió un capítulo que en su momento me lleno de contradicciones o, mejor dicho, falta de coherencia intelectual. 

Tal vez mi esencia, tan apasionada, en construcción continua, no quería una fiesta de boda, sino una luna de miel, una noche de bodas como ritual en el que sólo la piel hablara por mí y por él. Creo que fue la única solicitud que hice y que no hubo, quizá porque no nos tocaba vivir ese momento...

Antes de finalizar la fiesta, todos habíamos bebido mucho, pero Valery estaba muy ebrio, igual sus amigos y, en ese furor que solemos tener las personas bajo el influjo de alguna droga, Valery me pidió algunos dólares más para comprar dos botellas más de vodka, cuyo contenido desapareció en  un parpadeo (y yo fingiendo que no me importaba cuando era todo lo contrario). Mientras todos abandonamos el salón de fiestas, un par de personas cayeron en las matas del lugar, que ya tenía mucha escarcha, en principio me preocupé y luego dije, que se jodan (allí habló mi rencor, malamente). 

Valery y yo no tuvimos esa noche especial, ni ese paseo especial, ni en ese tiempo ni después. Todas, son señales o alertas de que la pareja no es bien avenida, alguno de los dos siempre tirará más fuerte hacia lo que quiere, sin importar lo que el otro quiera. 

Mi boda marcó un cambio de capítulo, porque sumado a lo anterior, la realidad de un embarazo cimbró mi coraza, esa que me hizo sobrevivir al otro lado del mundo con tan poca edad, me sentí vulnerable. En tanto me reconstruía y carente de recursos emocionales, atendí al instinto animal y me cerré a proteger a mi cría, olvidando que los seres humanos tenemos la capacidad de reinventarnos una y otra vez con la ayuda de las personas que amamos y que son nuestros amigos. 

Error mío fue olvidar buscar a mis hermanos nicas Graciela e Iván, a mi amiga Sayonara, a mis compañeros de grupo y a mis amigos del alma Rashid y Jamal. Sólo me sentía a gusto con Isa Morais y Amal Shahin, a pesar de que ninguna de ellas asimiló con prontitud mi estado de gravidez. Y no las juzgo, yo me hice a un lado aplicando la seire de prejuicios aprendidos, pensando que no cabía en su vida, en su divertimento...

A partir de entonces, sólo encontré salvación y cobijo en Natalia, Riita e Irina y sus respectivas parejas. También en mi gran amigo Carlos, ese mexicanito que no he podido encontrar, y en su novia Paty. ¿Y mis compañeros de grupo? Acúsome aquí de actuar con predisposición, de pensar por ellos, de sentirme todo poderosa para decidir que ellos no sabrían comprender la nueva etapa de mi vida. Grave error. 

Entre tantas decisiones absurdas debilité el vínculo que pude haber fortalecido para no sentirme sola entre un grupo de personas que continuaban estudiando y viviendo la vida al máximo de sus capacidades. Todo lo que narro no signifca que reniego de mi embarazo o de mi hijo, que es lo más amado que tengo en mi vida, el proyecto del que me siento tan orgullosa. No. Estoy narrando lo que con toda sinceridad pasaba por mi mente y mis sentimientos. 

No sé cuántas mujeres viven sentimientos encontrados ante un hecho tan relevante de la vida. Y no me refiero a las hormonas, sino al hecho de visualizar o analizar con profunda sinceridad aquéllo que nos hace sentir un cambio de vida tal.


Hoy, al escuchar aquella pieza musical que mencioné al principio de la entrega, me surgen infinidad de lecturas sobre su letra,  ahora mismo, ¿cuál es mi reflexión sobre el contenido de la  estrofa?


Caminante, son tus huellas                                            Walker, are your own steps
el camino y nada más                                                      on the road and nothing else, 
Caminante, no hay camino,                                           walker, there is no path,
se hace camino al andar.                                                the path is made by your walk.
Al andar se hace el camino,                                           By walking, the path is made,
y al volver la vista atrás                                                   and when looking back
se ve la senda que nunca                                                you'll see the path that
se ha de volver a pisar.                                                    will never be stepped on again.
Caminante no hay camino                                             Walker there is no path
sino estelas en la mar.                                                     but trails in the sea.



Explico mi interpretación: Contrario a lo que me enseñó la vida y la sociedad donde crecí y aprendí lo esencial de la vida, el matrimonio no es un camino cuya senda surja al mismo tiempo que la pareja se da el sí. Se trata de dos individuos que construyen su camino dejando su huella y, si tienen mucha suerte, lograrán andarlo tomados de la mano para no perderse el uno del otro, para sostener al otro si tropieza, para hacerle sentir que no está solo si tiene un quebranto, para contagiar al otro cuando algo nos hace reír a carcajadas, pero sobre todo, para contagiar la pasión por la vida. En algunos casos caminarán espalda con espalda para sobrevivir y protegerse. 

Yo caminé esa senda con la falsa creencia de que el matrimonio se trataba de pararte frente a diversos caminos trazados y elegir por cual ir. Luego de darme cuenta de que la vida no es así, pasé un largo tiempo castigándome por no saberlo pero, ¿con qué herramientas vivimos la vida? Con las únicas que nuestro destino o entorno nos dá, con las habilidades que tenemos,  así, sin más.  ¿Podríamos tener más y mejores reflexiones y estrategias para levantarnos mejor de los errores cometidos? Sin duda sí, pero eso es tema de otra reflexión. 

Ante lo que estoy narrando, cada persona quizá tenga un aprendizaje de vida para aportar , en mi caso yo diría, "nunca olvides ni hagas a un lado a los amigos", porque ellos, al ser genuinos, siempre estarán para ti y tú para ellos, en una pareja, si tienes suerte, encontrarás también a un mejor amigo, pero no te aferres sólo a esa persona porque te perderás de las riquezas que brinda cada amigo. 

Yo, como he dicho en reiteradas ocasiones, escribo para dibujar la senda que no volveré a pisar, para traer a mi mente las estelas que dejaron en mi vida amigos, compañeros y maestros (que también fueron excelentes camaradas de trayectoria). 

La dicha de hoy es saber de mis amigos gracias a la tecnología, también he podido escuchar la voz de algunos y he tenido la dicha de ver el rostro de otros. Todos tan cambiados en el exterior pero tan auténticos y tan ciertos en ese interior que me hizo amarlos y añorarlos. Gracias pues, por estar allí, a los que busqué y también por los que me encontraron, con más años, con más o con menos kilos, pero con el mismo corazón de hermanos. 




23 de enero de 2019

Matrimonio y mortaja, del cielo bajan (parte 2)

Por Fabiola Martínez

Como antes lo mencioné, los ramos o flores de las bodas solían depositarse en la base de algún monumento al soldado desconocido o a Lenin. En mi celebración depositamos flores al pie de un busto de José Martí localizado en el jardín del consulado.

Salida de la oficina del cónsul, antes de dejar las flores a José Martí.
Todos nos trasladamos, en auto rentado o taxi al restaurante que reservó Valery, un lugar lindo y amplio que sólo nos atendió a nosotros. La mesa de brindis era amplia y al mismo tiempo vacía de aquélla gente significativa para mí allá en ese lejano país que ya no existe.

Al final del día como jóvenes carentes de conciencia de los hechos, todos nos divertimos y tomamos bastante vodka, además de que bailamos mucha salsa. Las personas que nos atendieron observaban desde lejos nuestra forma de celebrar, y esta mujer de la foto, la que nos está sirviendo bebida, tuvo un gesto hermoso que siempre tendré presente.

En la preparación del brindis. 
Ante ciertas circunstancias, en mi caso cuando me convertí en madre, las personas tendemos a observar cada situación enfocándonos en nuestra relación familiar, de forma particular en la relación que tenemos con nuestros hijos o en la que desearíamos tener.

La mujer que me está sirviendo vino ¿o tal vez champán?, buscó la oportunidad para acercarse y hablar con Valery y conmigo.

-Veo que celebra sin sus padres.
-Sí, todos estudiamos y nuestros padres están lejos.
-Eso comentábamos en la cocina. ¿Saben? Es una pena que sus padres no estén aquí para esta ocasión tan importante.
-Ya nos acostumbramos -respondimos con simpleza, como si realmente no importara.
-Espero no ser inoportuna pero mis compañeros y yo les queremos regalar una botella para que brinden, para que no estén solos, sin sus padres...

Con honestidad puedo decir que no teníamos gran pesar por no celebrar el enlace con la familia, esa forma de afrontar la vida era el resultado de una mezcla de mecanismos desarrollados para subsistir y salir adelante. Por un lado, esa bendita beca nos hizo madurar emocionalmente, por otro lado, es posible que ese aire de indiferencia fuera una coraza para no mostrarnos vulnerables ante la lejanía y la soledad que necesariamente experimentábamos.

La mujer se acercó a nosotros con la botella y nos la regaló en nombre de ella y de sus compañeros. En ese momento agradecí su gesto y hasta pensé su actuar resultaba de una proyección personal. Hoy sé que el motivo de su proceder pudo deberse a la mezcla de todo lo anterior, pero también a la empatía de esas personas hacia nosotros, gente muy joven venida de todas partes sin el cariño de la familia. Y es que, me parece, la familia nuclear y extensa tiene un peso importante, pero no siempre es para bien.

¿A qué me refiero? Hay familias nucleares , y en el caso de México las familias extensas, que no viven sólo de alegrías y gratos recuerdos. No, no es bueno cegarnos, dentro de esos nucleos se marcan nuestras miedos, nuestras incapacidades y castraciones mentales, allí mismo se fabrican las excusas y respuestas "acertadas" para culpar de nuestros males a la sociedad, al mundo, al gobierno...

Mi caso no es mejor ni peor que el del resto de los mexicanos, mi familia nuclear es el ejemplo palpable de siete infancias con grandes carencias económicas que nunca sentí dolorosas porque estuve llena del amor de mi madre, de su prudencia, de su intención de amarnos a todos por igual. Y lo logró tan bien que a pesar de que mi madre tuvo debilidad o preferencia por una hermana y mi padre por dos hermanos, el resto de sus hijos no lo resentimos, había amor y educación en valores para todos.

Como se habrán enterado, la semana pasada explotó un ducto de gasolina en el estado de Hidalgo, México. Al lugar acudieron familias enteras con niños pequeños, y como la muerte no mira edad, el fuego arrasó parejo con todos los que estuvieron a su alcance, y me pregunto ¿quién lleva a sus hijos a los ductos a llenar su cuerpo y sus ropas con gasolina? No sé qué responder, no es correcto que haga señalamientos sobre gente que ya no puede ejercer su derecho de réplica.

Lo que sí sé es que en casa, se nos enseñó a no pedir nada a nadie, a no aceptar dádivas, a avanzar por mérito y no por causar lástima. Esta reflexión me lleva a otra pregunta ¿qué pasa en la cabeza de un mandatario cuando ofrece dádivas a personas que tienen como ocupación la sustracción ilegal de gasolina en ductos del Estado? ¿Está resolviendo el problema? Definitivamente NO, más bien lo agraba, porque ahora, de manera tácita, un hombre ampliamente aprobado por la población mexicana no les enseña a trabajar, sino que les cambia un pez por otro, no hay autoestima, no hay dignidad humana, pues su vida vale un bidón u 8 mil pesos, usted escoge.

Desde hace tiempo comencé a hacer un cofre de perlas con los recuerdos más hermosos de mi familia nuclear, de mi familia extensa, pero sobre todo, de la familia que elegí, mis hermanos nicas, palestinos, ucranianos, rusos, polacos, peruanos, fineses. Sin saberlo, esa mujer de la fotografía y los actos de amor que he recibido, incluso de gente desconocida, son los que hicieron decidirme por ese cofre de perlas que continúo atesorando.

Antes de irme les comparto a una parte pequeña de mi amada familia, la que me regaló la vida, la que escogí. Natalia, Ina, Darek, los llevo en mi corazón. Graciela, Iván, Sayonara, Amal, Rashid, Jamal y a todo mi grupo, una disculpa por haberlos dejado de ver desde el inicio de 1990. 


15 de enero de 2019

Matrimonio y mortaja, del cielo bajan (parte 1)

Por Fabiola Martínez

Antes de escribir esta entrega intenté recordar, con honestidad, cómo y por qué organizamos una fiesta para celebrar la boda. Hasta el día de hoy, soy de las personas que no disfruta del proceso de organizar celebraciones y tengo poco talento para organizar una reunión de más de diez personas. Mi brindis de boda no fue la excepción. Yo quería algo sencillo e íntimo pero poco a poco a Valery se le metió la idea de hacer algo mayor y, como suele pasar, comenzaron algunos roces por el tema de los invitados de cada uno.

Como yo me hice a un lado de la organización por las razones antes mencionadas, Valery tomó las riendas del evento, pronto, la lista de invitados al restaurante estaba llena de cubanos del KIIGA con sus respectivas novias en turno.

-Oye, no dejaste lugares para que invite a mis amigos.
-Es que si llevas a tu gente no podré invitar a mis compañeros.
-La boda la estamos pagando los dos y por tanto tenemos los mismos derechos, además, recuerda que justo por esto yo no quería una fiesta.
-Bueno, ¿a quién vas a invitar? -Y ahí quedé ahorcada.

Siendo periodo vacacional, la mayoría de mis amigos cercanos estaban paseando o en su país o en Europa. Hubo amistades que pensé invitar antes de la navidad, pero todas salieron. Hasta hoy sigo sin saber por qué no invité, por ejemplo, a mis compañeros de grupo o a mis amigos nicas. Sé que no contemplé ni a Jamal ni a Rashid porque a Valery no le agradaban, bueno, de hecho prácticamente ninguna de mis amistades le parecía adecuada, ya fuera por capitalistas, ya fuera por críticos del sistema o por la causa más frecuente que consistía en tener recelo de todas las personas no cubanas, una forma de pensar muy de los sistemas dictatoriales.

En verdad me arrepiento enormemente de no haber invitado a los nicas, palestinos y a quien me viniera en gana. Me pesa haber cedido por no discutir, los invitados son un punto muy delicado en el que todas las futuras parejas debían estar de acuerdo o aprender a negociar, de lo contrario se convierte en un botín de guerra que comienza a inclinar la balanza a favor de un miembro de la pareja... Mal detalle. 

Creo que en este juego de poder yo también ejercí el poco poder que tuve, esto sucedió al empeñarme en que mi ramo fuera de rosas rojas, una flor muy difícil de conseguir en la segunda quincena de enero, me empeñé con necesad y fastidié mucho con ello, al final del día, tuve que conformarme con las flores que se encontraron. 

Poco antes del 23 de enero, día de la boda no sabía dónde podía arreglarme y con tantísimo frío no pensé en conseguir alguna estética, salón de belleza o algo parecido. Una amiga de Natasha que pasó las vacaciones en la residencia se ofreció a arreglar mi cabello, por cierto ella, una chica tan agradable y solidaria, no formó parte de los invitados, a pesar de haber salvado un proceso importante del evento. 

Natasha, otra amiga y la chica que me peinó me acompañaron y dieron ideas para arreglarme, esa tarde de invierno, a pesar del frío, salí de mi residencia con un vestido de tela delgada y con una gabardina sobrepuesta hacia el consulado cubano en Kiev, lugar donde se celebraría el enlace. Me trasladé en un automóvil rentado para tal ocasión, Natasha fue mi testigo de boda y Nelson la Serna, fue testigo de Valeri. 

Una vez que llegamos al lugar, el panorama emocional mejoró y comenzamos a pasarla bien. 

Cuando Valery y yo llegamos al consulado ya nos esperaba la mayoría de los invitados. Al final, la inmensa mayoría de invitados fueron cubanos del KIIGA y sus respectivas novias. En la oficina del cónsul también estaba todo preparado, los documentos para la ceremonia, una bebida parecida a la champaña pero no igual y todos los invitados nos llevaron flores, particularmente claveles, que son las flores más aguantadoras, por las dificultades climáticas los ramos no son grandes, casi siembre los букеты (bouquets) eran de una o tres flores, si eres muy desprendido puedes regalar de cinco flores, siempre en número nones, los números pares eran, si la memoria no me traiciona, para las personas muertas. 

La ceremonia fue agradable, sin chabacanerías (bromas, palabras o conductas de mal gusto que suelen ser usadas por los isleños)  y mucho se debió al comportamiento y personalidad del cónsul, persona muy agradable. El único detalle desagradable surgió porque no dejaron que mi amiga Natasha firmara como mi testigo, por fuerza debía ser una persona cubana y pues, nos ayudó una chica del Pantano que andaba noviando con alguien del KIIGA. 

A pesar de lo anterior, el cónsul permitió que Natalia estuviera todo el tiempo a mi lado. Tuve la precaución de contar con dos rollos de película de 36 exposiciones y por eso pudimos hacer fotos durante la boda, después de ella e incluso dentro del restaurante que nos sirvió como salón de fiestas. 


Lectura de acta.

Brindis

Felicitaciones de una amiga, de perfil vestida de blanco, Natasha. 


Con los testigos, Natalia y Nelson.


Con el Cónsul. 

8 de enero de 2019

Cambia, todo cambia... (Julio Numhauser)

Por Fabiola Martínez

Algo que suele pesar es regresar a la rutina luego de unas vacaciones intensas. Eso sucedía en mi interior la noche que  tomamos el tren de regreso a Kiev. Sumado a lo anterior, en el disco duro de mi cabeza había un sinfin de imágenes para desmenuzar, entender, valorar, retomar, acariciar, recordar y compartir. Hechos que cambiaron la geopolítica europea y que me cambiaron a mí para siempre. 

Compartimos el camarote con una joven madre soviética y su pequeña hija Cristina. La niña era dulce y hasta pudiera decirse que arrobadora. Su madre, por el contrario, se mostraba hostil o quizás disgustada por viajar con extranjeros, así que no nos respondió ni ni el saludo. 

Valery y yo estábamos muy cansados y pronto nos quedamos dormidos, en esa época de mi juventud yo podía dormir en cualquier lugar y a cualquier hora, mi sueño era pesado. No obstante me despertó el llanto desconsolado de Cristina, cuando abrí los ojos Valery trataba de consolarla porque se había caído de la estrecha cama. 

Nunca vimos ni supimos a dónde se había ido la madre, pero tardó algunos minutos en regresar y la niña continuaba llorando a todo pulmón. Cuando la joven mujer llegó al camarote arrebató a Cristina de los brazos de Valery, quien sólo alcanzó a decirle que la niña se había caído. La señora no expresó palabra alguna. 

Tuvimos un típico trayecto invernal lleno de tonalidades grises, el cielo nublado, los oscuros techos de las casas de campo por donde pasaba el tren y el color del suelo,  una mezcla de fango y nieve. Le acompañaba el sonido rítmico, mezcla del movimiento del bagón y el rose de ruedas y rieles. 

Como siempre, cruzar la frontera para entrar a la Unión Soviética requirió el cambio ceremonioso cambio de ruedas de tren por unas más anchas, el paso del personal de migración y aduana, la revisión exhaustiva de todos los camarotes y el infernal cierre del baño. Una vez que el proceso terminaba, tenía la sensación de encontrarme en tierra segura, algo similar a mi hogar, sin importar el punto geográfico donde me encontrara, al estar en territorio soviético ya me sentía en casa. 

Las vacaciones de invierno se extendían prácticamente todo el mes de enero, ya que solían comenzar antes de finalizar el año. Así que a nuestro regreso nos dedicamos a pasear, a visitar a los amigos, a contar nuestras aventuras y a realizar los trámites para la boda. En este breve lapso continuó mi el malestar estomacal iniciado en Bratislava, que yo justificaba como el resultado de un EXCESO de comida.  


-Fabiola, ¡eso te pasa por comer en exceso!-Me reprochaba continuamente. 

Esos días de descanso los pasé conversando con Natahsa y dos de sus amigas de las cuales, para mi mala suerte, no recuerdo su nombre, lo que sí llevo presente es la mirada dulce de una de ellas. 

Mientras lo anterior sucedía, mi apetito no mejoraba, al contrario, seguía rechazando todo aquéllo que hasta hoy adoro: café, refresco de cola y chocolate. Valery me decía, a manera de juego o broma, que quizás estuviera embarazada y me hacía enfadar. Yo le contestaba que no tenía motivos para preocuparme, que todo marchaba en tiempo y forma. 

Esta respuesta duró pocos días ya que se me presentó un ligero retraso en mi periodo menstrual. Ese fue el pretexto con el que Valery me azuzó para hacerme revisar en el hospital donde atendían a los estudiantes. 

Me atendió una ginecóloga muy robusta y algo tosca (creo que no había ginecólgos varones, al menos en ese hospital nunca me atendió uno). Luego de ser tratada y estrujada como vaca, la doctora me pidió que me vistiera. 

-Usted está embarazada. 
-¡No puede ser! mi periodo sólo se ha retrasado una semana. 
-Está embarazada, si deciden interrupir el embarazo es importante que vengan conmigo en el plazo que les indico para realizar el procedimiento, en caso contrario también deben venir a la clínica para procurarte los cuidados que requieres. 

Yo no salía de la sorpresa, primero por la noticia que no esperaba y después por la manera tan natural en la que la doctora,  sin rodeos habló sobre mis opciones, lo cuál me pareció súper bien porque la decisión estaba en mis manos y fui adecuadamente informada de los derechos que podía ejercer.

Con toda honestidad yo me sentí enfadada porque no era el momento adecuado para iniciar mi maternidad, en mi mente tenía el deseo de probar una nueva vida en Cuba con mi pareja, era aún muy joven y el tema del cambio de instituto no estaba resuelto. 

-¿Qué piensas? -preguntó Valery.
-No me agrada la idea...
-Yo creo que sería mejor tenerlo, al final de cuentas la boda ya es un hecho. 
-No lo sé, habría querido... 

Ya no supe qué decir, preferí no dar lugar a tener sentimientos encontrados. Por más aderezos que pongamos no dejamos de ser animales y de actuar conforme a esos instintos, la naturaleza es sabia y mueve muy bien sus influencias, sobre todo en las mujeres. Las hormonas comenzaron a hacer su trabajo y en unas horas el chip de la maternidad me invadió para cambiar mi vida de manera radical y para siempre.