27 de marzo de 2019

Madre e hija

Por Fabiola Martínez 
A la memoria de Ma. Luisa.

Quizás, a principios de febrero, Valeri tuvo que defender su tesis, al igual que el resto del grupo. Recuerdo haber estado, como pegote, viendo los cálculos de su trabajo y ayudarle en el repaso del planteamiento de su tesis. La defensa de la tesis suponía el final de su estancia en Kiev, pero él logró negociar un tiempo de gracia para permanecer conmigo en la ciudad de los jardines. 

Para esas fechas, las vietnamietas de nuestro bloque ya se movían con soltura en la ciudad. Todas recibían a sus novios, de otras facultades y vivían en un total hacinamiento. A pesar de que todos padecíamos los estragos de la escasez y de no haber avanzado en el dominio del ruso, las chicas contaban con los contactos suficientes para comprar enormes cantidades de bateas para freír y lavar, que tenían apiladas del piso al techo. 

El resto de las personas que vivíamos en ese bloque: Khema y su amiga de Tailandia, Murad, Mohamed, perdimos la batalla para lograr que mantuvieran limpia la cocina y apagadas las hornillas de la estufa eléctrica. 

Un día, estando Valeri y yo en la habitación alguien tocó a nuestra puerta. Cuando la abrí, tres vietnamitas me miraron y comenzaron a hablarme en su idioma pensando que yo era su compatriota. Recuerdo que sólo las miré con asombro, moví la cabeza en señal de negativa y les dije: 'no entiendo su idioma, por favor hablen ruso'. 

Valeri no paraba de reír y yo, hasta hoy, sonrío y me divierto cuando recuerdo y comparto la anécdota. Ya en una ocasión las soviéticas me acusaron de ser mongola y ahora las vietnamitas me asumían como su igual. Lo sucedido sólo acentuaba que mis raíces indígenas me habían dado un fenotipo parecido al asiático; ahora que soy más observadora de las personas y su conducta, me percaté del enorme parecido que podemos llegar a tener los mestizos de México y América Latina. ¡Bendita diversidad!

Antes de regresar a Cuba, Valeri envió por barco, en un contenedor, la parte pesada de su equipaje. Recuerdo que el chip o 'modo mamá' ya lo traía prendido y compré una cuna para mi  hijo y le pedí a Valeri que lo enviara en el contenedor que compartía con uno o dos compañeros. 

Como lo he mencionado, el primer trimestre de embarazo es una locura total, de esas que hacen que las mujeres actuemos impulsadas por cualquier otra cosa que el sentido común. Cuando Valeri tuvo su vuelo Moscú-La Habana, yo me fui con él en el tren para acompañarlo a Moscú. Recuerdo que todavía hacía mucho frío, pero no tanto como en el mes de enero. 

Ya en Moscú Valeri y yo tuvimos todo el día para pasear y hasta de tomarnos una foto en una calle peatonal muy concurrida, donde ya era visible el efecto de la glasnost y perestroika. Lo que más me llamó la atención fue ver que, en el lugar donde tomamos la foto, se vendían souvenirs como si fuera un parador turístico, allí podían encontrarse matrioshkas con la cara de Mijail Gorvachov en la que destacaba su emblemático lunar. 

Mi penúltimo viaje a Moscú.

Valeri y yo estuvimos en el aeropuerto Sheremitevo toda la noche, pues el avión salía casi de madrugada. La pasamos mal porque yo tenía tanto sueño que acomodé las maletas para hacer un espacio donde dormir, ya que el sueño me vencía. 

Así como organicé el viaje a Moscú, también tomé la decisión de llamar a México desde el aeropuerto, para comunicarle a mi mamá que estaba embarazada. 

Creo que a todos nos ha pasado que, antes de enfrentar situaciones complicadas, organizamos en la cabeza escenarios y escenas de cómo consideramos que manejaremos los sucesos. En mi caso, sin embargo, ya estando a punto de confrontar la verdad, me sentí muy acojonada. Tanto, que al hablar con mi madre no hice las cosas como las había ensayado, sino como el miedo me permitió hacerlo. 

Debo aceptar que no fui nada sutil en dar la noticia. Ahora entiendo que contribuí a aumentar las preocupaciones de mi madre sobre mi salud, cuidados y sobre el rumbo que tomaría mi vida. Creo que, aunque la reacción de mi madre fue de felicidad, en el fondo tenía sentimientos encontrados. 

El último año de vida de mi madre lo pasó conmigo en la Ciudad de México, siendo yo una joven divorciada. Las circunstancias de mi vida, sumadas a las circunstancias que le impuso una grave depresión y la aparición de una extraño cáncer , nos permitieron, por primera vez, hablar con honestidad como mujeres y madres. 

Recuerdo con mucho cariño y gratitud las largas horas de charlas sobre aciertos y desaciertos de nuestra vida. Recuerdo también la amorosa forma en que me narró todo lo que pasaba en su cabecita cada vez que yo daba giros tan complicados a mi vida. 

Aunque tuve muchos momentos de reproche hacia ella, por educarme con pocas habilidades para enfrentar la vida como una mujer más libre y responsable (según mi juicio de entonces); y también gastaba mucho tiempo de mi vida culpándome por mis elecciones, la madurez me hizo ver que, como persona, viví con las habilidades que tenía, pero he podido reorientar el rumbo, aprender de los errores y buscar, siempre, la forma de volver a levantar ante cada embate de la vida. 

Cuando madre y yo reflexionábamos sobre nuestra vida, corroboré la importancia que tiene el dotar a los adolescentes de una formación ética que les permita aprender en libertad y vivir plenamente su sexualidad (afectividad-identidad de género-erotismo-reproducción). Sigo pensando que los padres pueden ser los mejores guías para sus hijos, pero requieren una dosis de honestidad y de preparación. Mientras eso sucede, yo continúo con mi labor y me enfoco en mejorar el contenido de los textos que elaboro con mi coautor. 

13 de marzo de 2019

Obcecación

Por Fabiola Martínez

Es curioso cómo coincide el tiempo, cómo se acomodan los sucesos para seguir relatando la vida en la URSS. Hace 29 años, por estas fechas, días antes y después, orienté mi atención al proceso de embarazo. Para entonces, el abasto de productos se agudizaba, por ejemplo, un artículo tan elemental como el té negro, se había convertido en un producto casi de lujo.

Las costumbres de los latinoamericanos se habían modelado en mucho a las costumbres locales y por ello nos resultaba imprescindible tener té negro, quien localizaba una tienda con abasto solía correr la voz y los demás corríamos a comprar.

En ese periodo, empezó a venderse en abundancia té verde, las tiendas estaban atascadas y todos nos conformamos con él. Pasaron al menos un par de semanas o quizás más, cuando, gracias a la apertura en los medios de información, se publicó una nota donde nos pedían no consumir el té verde, ya que había sido sembrado o tratado en lugares contaminados por la radiación de Chernóbil.

Además del té, había otros productos contaminados, el que tengo presente es la leche, pues a mí me gustaba tomar una taza de leche caliente con cocoa antes de dormir (una costumbre muy mexicana).

Cuando Valery llegó a nuestra habitación con el periódico en la mano, me puse frenética y tiré todo el té que habíamos acumulado (una tradición de los regímenes totalitarios). Comencé a reclamar a Valery lo que no podía reclamar  al sistema. Sentí terror por el proceso de gestación que vivía. Por mi mente pasaron las peores imágenes de tragedia, ¡qué barbaridad!

En pocos años me di cuenta de que, después de tener la capacidad de engendrar vida, otro gran regalo que llega con los hijos es que gocen de salud. Sí, aunque la frase sea un lugar común, la verdad yo sólo deseaba salud para mi hijo, regalo que me fue concedido. Otras muchas madres no tuvieron la misma suerte y por esas tierras lejanas a México y cercanas a Chernóbil, aún nacen niños enfermos, discapacitados y personas con un sin fin de enfermedades. 

Hace 33 años llegué a URSS, un año después tuvo lugar la explosión nuclear más peligrosa del mundo y hace 29 que comencé esta narración, la radioacitividad es un enemigo letal y silencioso al que fui restando importancia, como si al ignorar el daño se detuviera. Es vergonzoso confesar que, sólo ante el peligro que podía correr mi hijo, tomé consciencia del peligro en que había estado mi salud. 

Quizá por esta confesión entiendo lo difícil que resulta tomar consciencia respecto a la acción humana en el medio ambiente, tal vez es más difícil cambiar hábitos, pero sí se puede. Basta ver los desastres naturales con los que es azotado el planeta entero. Pero la política y la consciencia, al parecer, son enemigos, sin ir más lejos, en mi país el Ejecutivo Federal pretende construir un tren en una de las principales zonas naturales protegidas, sin estudio de impacto ambiental, por que sí, porque quiere, porque puede... También está encaprichado con una hidroeléctrica y una refinería en sitios que hacen peligrar el frágil equilibrio del humano y su entorno. Pero tiene el escudo, escusa y pretexto de contar con legitimidad avalada por 30 millones de votos. Cuando legitimidad y legalidad no son sinónimos pero, ¿qué más le da a él y a sus simpatizantes?



26 de febrero de 2019

Menos tu vientre, ¿todo es confuso?

Por Fabiola Martínez 

Narrar esta etapa de mi vida equivale a repetir charlas interminables de madres, tal vez por esta razón me costó trabajo encarar esta entrega, pero aquí está, una historia más de una futura madre...

Después del ajetreo de la boda, comencé a cuidar de mí y del embarazo. Recuerdo que me canalizaron a un edificio donde estaba mi clínica. Un lugar que nunca vi a pesar de su cercanía con el besaravski rinok (nombre de un mercado).

Luego de recetarme lo pertinente para el embarazo, compartí con la doctora el fuerte y constante dolor abdominal que tenía.

-Debes guardar reposo y tomar vitamina E
-¿Por cuánto tiempo el reposo?
-Puedes ir a clases pero trata de descansar después, no hagas esfuerzo.
-¿Algún día se me quitará el dolor o el embarazo está en peligro?
-Lo usual es que el dolor permanezca hasta que el feto se afianza dentro de tu vientre.

Obedecí a todo, además de enfrentarme a un espantoso carrusel hormonal que me llevaban a comportarme como una bipolar. Mi amiga finlandesa Rita fue de gran ayuda, me
explicó todo lo que sucedía. La verdad es que, entre la extrema valoración de la sociedad patriarcal y el fenómeno animal que provoca la maternidad, el embarazo es pintado como hermoso de principio a fin. Pero en verdad es un proceso complejo y lleno de cambio que todo lo confunden, en mi caso provocó que se me cerrara el mundo.

Afortunadamente la sabia naturaleza compensa ese proceso. Al término del trimestre le dije adiós a los dolores y a la locura hormonal. Sólo me quedé, desde entonces, con la lágrima a ras del párpado, a puntito de salir a cada instante. No me pude deshacer del enorme calor, ni del malestar provocado por los lugares encerrados. Si bien es verdad que nunca tuve un sólo vómito, también es cierto que me alimenté, básicamente, de jitomate y pepino encurtidos. Por ello perdí mucho peso.

El apetito volvió para quedarse. Los más de tres kilogramos perdidos fueron recuperados gracias a mi apetito voraz. Recuerdo que mi amiga Amal me acompaño al comedor de la Facultad de Cultura Física, porque la comida de allí me encantaba. Ese día comí tanto, que ella me dijo: "cuando me dijiste de tu embarazo no lo creí, sólo ahora que te veo comer me es posible creerte.

El clima tuvo un papel favorable, la primavera se asomaba con rapidez y, aunque yo me sentía triste porque Valery tenía que irse a su país, las largas caminatas de regreso del instituto fueron de gran ayuda para mi salud. Ellas me dieron la oportunidad de disfrutar mi ciudad con la certeza de que había comenzado la cuenta regresiva, saturé mis cabeza con recuerdos de casas, gente, parques y jardines. Viví un romance contradictorio con mi hermosa ciudad. La quería conmigo, era parte de mí, y al mismo tiempo quería terminar ya con esa etapa de mi vida.

Bien dice la letra de la canción de Joan Manuel Serrat: "No hay nada más amado, que lo que perdí". Hoy, mi gran anhelo, es regresar a esa ciudad donde fui tan feliz, donde aprendí tanto, donde tuve a la mejor familia...

En una entrega pasada hablé de los regalos que me trajo el año 2018, un reencuentro con Amal, Rashid y Jamal, mis amados hermanos palestinos. Nunca pensé extrañarlos tanto y, sin embargo, cuando tuve la oportunidad de estar más cerca de ellos, mi embarazo me llevó a tomar decisiones que lamento, porque hice muy grande la brecha entre ellos y yo.

En mi caso, conservar las ilusiones es lo que motiva mi vida, por muy pesadas que sean las circunstancias. Tengo fe en el destino y creo que pronto los podré ver, abrazarlos a todos es un anhelo muy grande. En ese abrazo incluyo también a Riita, que fue mi mejor ayuda, a Natasha, Belinda, Isa Morais, Lefteris, Jenny (de Tailandia) y también a mis maestros, sólo con uno de ellos tengo enlace en Facebook. Me encantaría volver a ver y conversar con mi maestro de Literatura Serguei Fateev.

El título de esta entrega es un juego de palabras que hice con la letra de un poema de Miguel Hernández, quizás a él, como a otras personas, el proceso de dar vida a otro ser es un asunto que da certeza, y su perspectiva es hermosa, pero tan poco apegado a la realidad.

Tener un hijo es un proyecto de vida que dura toda la vida de la madre, es una decisión trascendental que no debemos tomar a la ligera. Las mujeres lo vivimos en una vorágine hormonal inexplicable que provoca enormes confusiones y tropiezos. Quizás es por ello que agudizamos nuestra obsesión de control, ya que, si no fuera por el gran papel del instinto maternal, quién sabe qué sería de nosotras.

Dice un refrán que, si del cielo te caen limones, debes hacer limonada. Yo continúo capitalizando mi experiencia juvenil para documentarme y aprender sobre las implicaciones de un embarazo en edades tempranas. La educación sexual así como la maternidad y paternidad juvenil es uno de mis temas favoritos. Tal vez se deba a que aún creo que hubiera deseado que como parte de mi educación me hubieran hablado del tema con honestidad y claridad, haciendo a un lado el velo *Mariano.

El tema de la paternidad y maternidad es algo que seguiré trabajando y, ahora que cuento con una socia igualmente especializada e interesada en el tema, estamos preparando interesantes cursos al respecto. Esperen noticias por este medio.

*Mariano. De María, en este caso hago referencia a la carga cultural que tiene la virgen María en la formación judeo-cristiana de mi país.

En una cena de parejas cubanos, soviéticas y mexicana.
Al tomar esta foto ya era evidente la cantidad de peso que había perdido



6 de febrero de 2019

Abrir un nuevo capítulo...

Por Fabiola Martínez

Desde temprana edad, por la influencia de mi hermano Adolfo yo escuchaba una y otra vez el poema de Machado en la voz de Joan Manuel Serrat. En ese tiempo, creo, la canción me gustaba no sólo por la costumbre de escucharla una y otra vez, sino porque la música me parecía , ¿cómo decirlo?... Con una fuerza que transmitía el vigor para comerme a la vida, en aquel tiempo para mí significaba un impulso, felicidad, el poder de echar pa`lante con toda mi fuerza. 

Hoy, además de la anterior se suman otras lecturas que surgen de preguntas que me hago todos los días sobre mi vida pasada, por ejemplo cuando escribo el blog; sobre todo por  mi vida futura, cuando veo, siento y vivo la incetidumbre de un nuevo gobierno que sólo da tumbos provocando una incertidumbre insólita para la industria editorial, que ha sido parte medular de mi crecimiento personal.

Y aquí estoy, nuevamente reflexionando sobre la trayectoria de mi vida en la URSS, relatando los sucesos posteriores a mi boda, un suceso que abrió un capítulo que en su momento me lleno de contradicciones o, mejor dicho, falta de coherencia intelectual. 

Tal vez mi esencia, tan apasionada, en construcción continua, no quería una fiesta de boda, sino una luna de miel, una noche de bodas como ritual en el que sólo la piel hablara por mí y por él. Creo que fue la única solicitud que hice y que no hubo, quizá porque no nos tocaba vivir ese momento...

Antes de finalizar la fiesta, todos habíamos bebido mucho, pero Valery estaba muy ebrio, igual sus amigos y, en ese furor que solemos tener las personas bajo el influjo de alguna droga, Valery me pidió algunos dólares más para comprar dos botellas más de vodka, cuyo contenido desapareció en  un parpadeo (y yo fingiendo que no me importaba cuando era todo lo contrario). Mientras todos abandonamos el salón de fiestas, un par de personas cayeron en las matas del lugar, que ya tenía mucha escarcha, en principio me preocupé y luego dije, que se jodan (allí habló mi rencor, malamente). 

Valery y yo no tuvimos esa noche especial, ni ese paseo especial, ni en ese tiempo ni después. Todas, son señales o alertas de que la pareja no es bien avenida, alguno de los dos siempre tirará más fuerte hacia lo que quiere, sin importar lo que el otro quiera. 

Mi boda marcó un cambio de capítulo, porque sumado a lo anterior, la realidad de un embarazo cimbró mi coraza, esa que me hizo sobrevivir al otro lado del mundo con tan poca edad, me sentí vulnerable. En tanto me reconstruía y carente de recursos emocionales, atendí al instinto animal y me cerré a proteger a mi cría, olvidando que los seres humanos tenemos la capacidad de reinventarnos una y otra vez con la ayuda de las personas que amamos y que son nuestros amigos. 

Error mío fue olvidar buscar a mis hermanos nicas Graciela e Iván, a mi amiga Sayonara, a mis compañeros de grupo y a mis amigos del alma Rashid y Jamal. Sólo me sentía a gusto con Isa Morais y Amal Shahin, a pesar de que ninguna de ellas asimiló con prontitud mi estado de gravidez. Y no las juzgo, yo me hice a un lado aplicando la seire de prejuicios aprendidos, pensando que no cabía en su vida, en su divertimento...

A partir de entonces, sólo encontré salvación y cobijo en Natalia, Riita e Irina y sus respectivas parejas. También en mi gran amigo Carlos, ese mexicanito que no he podido encontrar, y en su novia Paty. ¿Y mis compañeros de grupo? Acúsome aquí de actuar con predisposición, de pensar por ellos, de sentirme todo poderosa para decidir que ellos no sabrían comprender la nueva etapa de mi vida. Grave error. 

Entre tantas decisiones absurdas debilité el vínculo que pude haber fortalecido para no sentirme sola entre un grupo de personas que continuaban estudiando y viviendo la vida al máximo de sus capacidades. Todo lo que narro no signifca que reniego de mi embarazo o de mi hijo, que es lo más amado que tengo en mi vida, el proyecto del que me siento tan orgullosa. No. Estoy narrando lo que con toda sinceridad pasaba por mi mente y mis sentimientos. 

No sé cuántas mujeres viven sentimientos encontrados ante un hecho tan relevante de la vida. Y no me refiero a las hormonas, sino al hecho de visualizar o analizar con profunda sinceridad aquéllo que nos hace sentir un cambio de vida tal.


Hoy, al escuchar aquella pieza musical que mencioné al principio de la entrega, me surgen infinidad de lecturas sobre su letra,  ahora mismo, ¿cuál es mi reflexión sobre el contenido de la  estrofa?


Caminante, son tus huellas                                            Walker, are your own steps
el camino y nada más                                                      on the road and nothing else, 
Caminante, no hay camino,                                           walker, there is no path,
se hace camino al andar.                                                the path is made by your walk.
Al andar se hace el camino,                                           By walking, the path is made,
y al volver la vista atrás                                                   and when looking back
se ve la senda que nunca                                                you'll see the path that
se ha de volver a pisar.                                                    will never be stepped on again.
Caminante no hay camino                                             Walker there is no path
sino estelas en la mar.                                                     but trails in the sea.



Explico mi interpretación: Contrario a lo que me enseñó la vida y la sociedad donde crecí y aprendí lo esencial de la vida, el matrimonio no es un camino cuya senda surja al mismo tiempo que la pareja se da el sí. Se trata de dos individuos que construyen su camino dejando su huella y, si tienen mucha suerte, lograrán andarlo tomados de la mano para no perderse el uno del otro, para sostener al otro si tropieza, para hacerle sentir que no está solo si tiene un quebranto, para contagiar al otro cuando algo nos hace reír a carcajadas, pero sobre todo, para contagiar la pasión por la vida. En algunos casos caminarán espalda con espalda para sobrevivir y protegerse. 

Yo caminé esa senda con la falsa creencia de que el matrimonio se trataba de pararte frente a diversos caminos trazados y elegir por cual ir. Luego de darme cuenta de que la vida no es así, pasé un largo tiempo castigándome por no saberlo pero, ¿con qué herramientas vivimos la vida? Con las únicas que nuestro destino o entorno nos dá, con las habilidades que tenemos,  así, sin más.  ¿Podríamos tener más y mejores reflexiones y estrategias para levantarnos mejor de los errores cometidos? Sin duda sí, pero eso es tema de otra reflexión. 

Ante lo que estoy narrando, cada persona quizá tenga un aprendizaje de vida para aportar , en mi caso yo diría, "nunca olvides ni hagas a un lado a los amigos", porque ellos, al ser genuinos, siempre estarán para ti y tú para ellos, en una pareja, si tienes suerte, encontrarás también a un mejor amigo, pero no te aferres sólo a esa persona porque te perderás de las riquezas que brinda cada amigo. 

Yo, como he dicho en reiteradas ocasiones, escribo para dibujar la senda que no volveré a pisar, para traer a mi mente las estelas que dejaron en mi vida amigos, compañeros y maestros (que también fueron excelentes camaradas de trayectoria). 

La dicha de hoy es saber de mis amigos gracias a la tecnología, también he podido escuchar la voz de algunos y he tenido la dicha de ver el rostro de otros. Todos tan cambiados en el exterior pero tan auténticos y tan ciertos en ese interior que me hizo amarlos y añorarlos. Gracias pues, por estar allí, a los que busqué y también por los que me encontraron, con más años, con más o con menos kilos, pero con el mismo corazón de hermanos. 




23 de enero de 2019

Matrimonio y mortaja, del cielo bajan (parte 2)

Por Fabiola Martínez

Como antes lo mencioné, los ramos o flores de las bodas solían depositarse en la base de algún monumento al soldado desconocido o a Lenin. En mi celebración depositamos flores al pie de un busto de José Martí localizado en el jardín del consulado.

Salida de la oficina del cónsul, antes de dejar las flores a José Martí.
Todos nos trasladamos, en auto rentado o taxi al restaurante que reservó Valery, un lugar lindo y amplio que sólo nos atendió a nosotros. La mesa de brindis era amplia y al mismo tiempo vacía de aquélla gente significativa para mí allá en ese lejano país que ya no existe.

Al final del día como jóvenes carentes de conciencia de los hechos, todos nos divertimos y tomamos bastante vodka, además de que bailamos mucha salsa. Las personas que nos atendieron observaban desde lejos nuestra forma de celebrar, y esta mujer de la foto, la que nos está sirviendo bebida, tuvo un gesto hermoso que siempre tendré presente.

En la preparación del brindis. 
Ante ciertas circunstancias, en mi caso cuando me convertí en madre, las personas tendemos a observar cada situación enfocándonos en nuestra relación familiar, de forma particular en la relación que tenemos con nuestros hijos o en la que desearíamos tener.

La mujer que me está sirviendo vino ¿o tal vez champán?, buscó la oportunidad para acercarse y hablar con Valery y conmigo.

-Veo que celebra sin sus padres.
-Sí, todos estudiamos y nuestros padres están lejos.
-Eso comentábamos en la cocina. ¿Saben? Es una pena que sus padres no estén aquí para esta ocasión tan importante.
-Ya nos acostumbramos -respondimos con simpleza, como si realmente no importara.
-Espero no ser inoportuna pero mis compañeros y yo les queremos regalar una botella para que brinden, para que no estén solos, sin sus padres...

Con honestidad puedo decir que no teníamos gran pesar por no celebrar el enlace con la familia, esa forma de afrontar la vida era el resultado de una mezcla de mecanismos desarrollados para subsistir y salir adelante. Por un lado, esa bendita beca nos hizo madurar emocionalmente, por otro lado, es posible que ese aire de indiferencia fuera una coraza para no mostrarnos vulnerables ante la lejanía y la soledad que necesariamente experimentábamos.

La mujer se acercó a nosotros con la botella y nos la regaló en nombre de ella y de sus compañeros. En ese momento agradecí su gesto y hasta pensé su actuar resultaba de una proyección personal. Hoy sé que el motivo de su proceder pudo deberse a la mezcla de todo lo anterior, pero también a la empatía de esas personas hacia nosotros, gente muy joven venida de todas partes sin el cariño de la familia. Y es que, me parece, la familia nuclear y extensa tiene un peso importante, pero no siempre es para bien.

¿A qué me refiero? Hay familias nucleares , y en el caso de México las familias extensas, que no viven sólo de alegrías y gratos recuerdos. No, no es bueno cegarnos, dentro de esos nucleos se marcan nuestras miedos, nuestras incapacidades y castraciones mentales, allí mismo se fabrican las excusas y respuestas "acertadas" para culpar de nuestros males a la sociedad, al mundo, al gobierno...

Mi caso no es mejor ni peor que el del resto de los mexicanos, mi familia nuclear es el ejemplo palpable de siete infancias con grandes carencias económicas que nunca sentí dolorosas porque estuve llena del amor de mi madre, de su prudencia, de su intención de amarnos a todos por igual. Y lo logró tan bien que a pesar de que mi madre tuvo debilidad o preferencia por una hermana y mi padre por dos hermanos, el resto de sus hijos no lo resentimos, había amor y educación en valores para todos.

Como se habrán enterado, la semana pasada explotó un ducto de gasolina en el estado de Hidalgo, México. Al lugar acudieron familias enteras con niños pequeños, y como la muerte no mira edad, el fuego arrasó parejo con todos los que estuvieron a su alcance, y me pregunto ¿quién lleva a sus hijos a los ductos a llenar su cuerpo y sus ropas con gasolina? No sé qué responder, no es correcto que haga señalamientos sobre gente que ya no puede ejercer su derecho de réplica.

Lo que sí sé es que en casa, se nos enseñó a no pedir nada a nadie, a no aceptar dádivas, a avanzar por mérito y no por causar lástima. Esta reflexión me lleva a otra pregunta ¿qué pasa en la cabeza de un mandatario cuando ofrece dádivas a personas que tienen como ocupación la sustracción ilegal de gasolina en ductos del Estado? ¿Está resolviendo el problema? Definitivamente NO, más bien lo agraba, porque ahora, de manera tácita, un hombre ampliamente aprobado por la población mexicana no les enseña a trabajar, sino que les cambia un pez por otro, no hay autoestima, no hay dignidad humana, pues su vida vale un bidón u 8 mil pesos, usted escoge.

Desde hace tiempo comencé a hacer un cofre de perlas con los recuerdos más hermosos de mi familia nuclear, de mi familia extensa, pero sobre todo, de la familia que elegí, mis hermanos nicas, palestinos, ucranianos, rusos, polacos, peruanos, fineses. Sin saberlo, esa mujer de la fotografía y los actos de amor que he recibido, incluso de gente desconocida, son los que hicieron decidirme por ese cofre de perlas que continúo atesorando.

Antes de irme les comparto a una parte pequeña de mi amada familia, la que me regaló la vida, la que escogí. Natalia, Ina, Darek, los llevo en mi corazón. Graciela, Iván, Sayonara, Amal, Rashid, Jamal y a todo mi grupo, una disculpa por haberlos dejado de ver desde el inicio de 1990.