9 de enero de 2018

Las pequeñas grandes cosas...

Por Fabiola Martínez Díaz

Hoy concluí mi tarea de abrir cajones, desempolvar recuerdos, revisar, elegir, desechar o conservar. Sin duda fue una actividad cansada en lo físico y en lo emocional. En esas dos largas semanas me esforzaba en pensar cuáles de tantos recuerdos son relevantes y dignos de compartir, pues ya empezó la cuenta regresiva. No hallé respuesta, pues cada carta, cada cinta de cassette guardado e incluso mi título profesional tiene una historia. Con gran tristeza les cuento que sigo sin encontrar la fotografía de mi querida amiga Amal, tan hermosa y querida para mí... 

En mi andar por la URSS, los mejores momentos eran recibir cartas y paquetes, mi amigo Gerardo Báez siempre tuvo la curiosidad y atención de escribirme y grabarme compilaciones de música. Creo que las que más sonaron fueron las de Jorge Negrete y Pedro Infante. Mi hermano Adolfo (q.p.d.)también me regalaba música, mucha, aunque en ocasiones yo le quitaba a la brava las cintas que me gustaban. 

En una ocasión mi amiga Amal y yo permanecimos conversando todo el día en la escuela, de camino a casa, en la habitación y con la luz apagada. Es una vivencia que tengo presente como si fuera ayer. Ella, que conocía mejor el inglés, me ayudó a entender y sacar la letra de una canción que recientemente me había llegado en un cassette y que me gusta hasta hoy, Every time you go away, interpretada por Paul Young. 

Inevitablemente, el entorno nos llevó a hablar del amor, desamor y de los enamorados... Pocas, muy pocas veces he podido hablar de una forma tan sensible como lo hice con Amal. Ambas, con 21 o 22 años encima, ya sabíamos de corazones rotos y entendíamos las consecuencias de cruzar límites. Por ejemplo, yo no era buena para interpretar el lenguaje corporal de un coqueteo, pero me quedaba claro que, por más que me gustara o por más que me quisiera tal o cual persona, me metería en mayores problemas de los que ya tenía encima, pero admito que me habría encantado arriesgarme...

Pero hubo personas más valientes que se abandonaron al amor o a la pasión, esa tarde hablamos de una pareja en específico, ella decidió cambiar de ciudad y regresar a su país para poner tierra de por medio. En verdad la envidiábamos, al menos yo sí. Se trataba de una pareja de palestinos, que parecían haber nacido el uno para el otro. Todo iba bien hasta que ella conoció a un libanés y ambos se amaron con delirio, hasta puntos insospechados para mi corta edad, siendo ellos de mi misma edad. 

-¿Pero por qué no siguieron?, ¿qué estaba mal si ambos eran árabes?
-¿Acaso no sabes?, ser árabe no es el tema, el punto es que uno es musulmán y el otro es católico. 
-¿Libaneses católicos?, ¿árabes católicos?, ¿en qué planeta vivo que nunca me enteré?-. Hasta ese momento, lo que sabía era que todos los árabes eran musulmanes y que no era bueno noviar con alguno. Así de reduccionista era mi educación básica. 

Esa anécdota me llevó a conocer que no sólo era una complicación las relaciones entre árabes de diferentes religiones, sino entre árabes musulmanes de diferentes países. ¡Rayos!, cada vez entiendo menos. Y es que, en ese entonces, aún estaba abierta la herida generada por el conflcito del Canal de Suez, que deribó en la invasión planeada de Israel, EEUU y Gran Bretaña a Egipto y de paso pues a lo que se les pusiera enfrente, todo con tal de recuperar la hegemonía que perdieron porque la independencia de las colonias o protectorados de Medio Oriente. 

Mi amiga y yo éramos unas enamoradas del amor y pasamos horas hablando de las grandes historias  que conocíamos para entonces, fue una de esas tardes de chicas como de película rosa, de las que soy fan, porque, a todo esto, ¿existe alguien que no haya suspirado o haya actuado con la mayor inocencia cursi por haberse enamorado? En casa y algunos conocidos míos se proclaman detractores de toda película rosa, a ellos les recomendaría que, además de hacer un repaso en su conducta ante el amor y el desamor, leyeran "La llama doble, amor y erotismo", de Octavio Paz, o al menos leer el poema de Jaime Sabines "Los amorosos". O ya de perdida, cerrar los ojos y recordar aquellos momentos en que la existencia de alguien nos hizo vibrar.

En lo personal, deseo de todo corazón que los asuntos en Medio Oriente retomen el curso de tolerancia en el que los dejó Saladino. Tengo la esperanza de que algún día lo lograrán. También deseo que todos aprendamos a amarnos, amar y ser amados, pues en esta sociedad mexicana saturada de prejuicios, los amorosos tampoco tienen grandes esperanzas. Y yo sigo insistiendo en que formo parte de los "privilegiados", pues al vivir al otro lado del mundo, yo con mi libre albedrío gozamos de las mieles y las hieles del amor, como pocas personas de mi tiempo. ¡Cuánta fortuna la mía!

Aquí comparto, pues, algunas de las pequeñas cosas que engrandecen mi vida. 


3 de enero de 2018

Primera entrega del 2018

Por Fabiola Martínez

Una mayor apertura en los medios de información y en el destape de archivos clasificados lograban hacer caer ciertas verdades como si se tratara del llamado efecto dominó y al gobierno cubanos le pegaba fuerte. ¿Qué sucedió?

Una tarde que me vi con Valeri, me comentó con cara de preocupación que habían llegado noticias de Cuba, informándoles que la CIA tenía información contundente en la que se revelaba las actividades del gobierno en el narcotráfico. Valeri se notaba confundido...

-Debe tratarse de un error, de alguna publicación amarillista, -le dije a Valeri.
-No, parece que todo es verdad.
-Bueno, ¿y con quién están haciendo narcotráfico?
-¿Cómo?
-Sí, hombre, con qué países. 
-No, no, no, nada de eso, sólo es algo en el país. 
-Mira, cuando se usa la palabra narcotráfico, se alude a toda o una parte de la larga cadena de participantes que hacen llegar la droga a los países ricos, donde hay dinero para pagarla. 
-No, debes estar equivocada.

Al cabo de un par de semanas, quizás, los periódiquitos que llegaban a la URSS desde la Isla hablaban de encontrar la verdad al costo que fuera. No recuerdo cómo me enteré pero supe que la CIA o su gobierno dieron un ultimatum a Cuba para actuar sobre el tema, al parecer tenían más que pruebas de actividades ilícitas y Castro decidió tomar al toro por los cuernos, o mejor dicho, eligió montar todo un espectáculo para que la gente dejara de hablar y para mostrar al mundo que en la Isla se aplicaba justicia. 

Pronto, "Juventud Rebelde" y "Granma" los dos periodiquitos nacionales, comenzaron a publicar y difundir los nombres de aquellos "traidores": el General Arnaldo Ochoa Sánchez, el Coronel Antonio de la Guardia, el capitán Jorge Martínez y Amado Padrón. No sé qué fue peor para Valeri, saber sobre el narcotráfico o ver implicados los nombres de tan destacados militares, sobre todo la del General Ochoa, quien por cierto, también se había cursado su educación superior en la URSS, como yo, quizás como tú. 

Según las cartas que recibía Valeri y todos sus compañeros, el juicio fue televisado en cadena nacional y, la percepción general de la gente era que Ochoa no merecía morir, pues el General en todo momento sostuvo que él actuó según las órdenes que recibía.  Valeri se obsesionó con el caso, comenzó a coleccionar cada periódico que llegaba y casi podría decirse que cargaba con ellos para demostrarle a los compañeros que preguntaban por la noticia, que en Cuba todo era perfecto. Como pueden ver en el enlace que comparto, los Castro montaron todo un espectáculo para protegerse y los espectadores actúan como monos amaestrados (en mi opinión), juzguen ustedes. 

La cuestión era esta, Gorvachov fue claro con el gobierno de Cuba, la URSS no podía patrocinar más a la Isla y le recomendaba emprender sus reformas, porque el socialismo no podía seguir así. Cuando viví en Cuba me di cuenta que nada podía suceder sin que los vecinos militantes supieran e informaran a los Comités de Defensa Revolucionaria, y ellos a sus jefes y así. Por ello gran parte del pueblo le creyó a Ochoa, aunque lo hizo en su propio silencio. 

Para cuando se celebró este famoso juicio, Hungría ya había implementado las PyME particulares y se encaminaba a celebrar, por primera vez, elecciones libres. Polonia también continuaba conduciendo su cambio, mientras que Valeri y sus compañeros se seguían cuidando hasta de sus pasos. 

Mientras las angustias de Valeri me envolvían, Susi y otras amigas reclamaba mi falta de presencia y convivencia, y tenía razón, hacía tiempo que dejé de escribir a Diana Danzós y a muchos otros amigos porque invertía  mucho tiempo en ese "noviazgo" que siempre pintó para mal.  

Aún con el paso del tiempo no logro hacer un balance de mi vida de aquellos años, invertí tiempo y esfuerzo en algo y alguien que no lo valía. Lo único que lamento es haber dejado de convivir y conocer más sobre otras culturas. En este tema, me habría venido bien que en mi educación de casa (y por qué no, también de la escuela), me hubieran enseñado a sopesar más el valor de la amistad, de la lealtad a mí misma y a mis creencias. Aunque, por otro lado, estas experiencias, me enseñaron mucho sobre la existencia de diferentes "verdades" de la vida política. 

Desde el año 2000 he publicado contenido para una asignatura que a muchas personas les parece de "relleno": Formación Cívica y Ética. En su primera versión, los programas de estudio no contemplaban enseñar al adolescente (público objetivo) lo que sucedía en su proceso de crecimiento y desarrollo. Mi coautor y yo decidimos que no era posible iniciar a un estudiante de secundaria en temas como la libertad y la igualdad, si no conoce sobre su proceso adolescente. Implementamos algunos temas que reforzaran ese aspecto, uno de ellos era la atracción sexual. Por fortuna cada vez que pudimos, integramos temas sobre el noviazgo y contenidos afines. Mi coautor y yo elaboramos el contenido con gran compromiso y con mucho amor (en ellos he podido  capitalizar mi experiencia y ponerla en práctica). 

En esta primera publicación del 2018, con mucho orgullo y satisfacción les comparto que mi coautor y yo seguimos trabajando juntos con nuevas propuestas y contenidos. Espero poder contar con buenas nuevas para compartirles. 



26 de diciembre de 2017

¿Diáspora?

Por Fabiola Martínez

Un día entre 1988 y 1989, mi amiga Tania me llamó a la residencia. Me pidió gestionar un permiso para recibirla en mi residencia porque tenía que despedirse de un amigo que emigraba. Organizamos todo lo necesario y la recibí en la terminal de tren. Ya de camino a mi residencia me platicó que un amigo judío muy querido, había solicitado y obtenido el permiso de "repatriación" a Israel. 
-Tu amigo ya había vivido en Israel?
-No.
-¿Entonces de qué trata su repatriación?
-Sólo me avisó que ya tenía todos los permisos para irse con toda la familia, y quiero despedirme de él. ¿Me acompañarías a su casa?
-Claro, veamos donde vive para saber cómo llegar. 

Al día siguiente salí con Tania hacia el domicilio de su amigo, en la conversación de camino supe que eran muchos los "judios" que, aprovechando el clima de la Perestroika, pidieron su salida hacia Israel. Dejé a Tania en la puerta del apartamento, saludé y me despedí. En realidad ese amigo me pareció otro ucraniano cualquiera, nada que ver con la fisonomía de los judíos que conocía. Pregunté a mis amigas soviéticas sobre el tema, pero sólo averigué que se trataba de una salida masiva -si es que puede llamarse así-, de judíos jázaros. ¿Qué es eso?, yo, en realidad, desconocía las denominaciones por creencias religiosas y orígenes étnicos de los judíos del mundo. Esa fue una lección que comencé a aprender: Sefardíes, Asquenazís, etcétera, etcétera.

Por aquellos días todo lo raro, era raro, yo no tenía una noción de la realidad del pueblo soviético hasta que fui a la oficina de Intourist a comprar unos boletos de tren a Moscú o a Lvov, no recuerdo (allí era donde los extranjeros estudiantes debíamos comprar con antelación nuestro boletos). Lo que sí recuerdo es que una multitud  hacía filas para salir a otros lugares de Europa sin hacer gestiones especiales, era la primera probada de libertad real. Y en ese contexto casi todos querían ver al mundo con sus propios ojos. Con chamarra, gorro y pasaporte en mano, intenté abrirme paso hacia la entrada principal, pero las aguerridas mujeres me impedían el paso.
-¡Qué se forme!-, gritaban furiosas. 
-Soy mexicana, mi fila es otra. 
-No se dejen engañar, ella es de Mongolia (¡не веритье ей! она из Монголии. En ese tiempo Mongolia era algo así como un protectorado de la URSS y se regía por sus mismas leyes)

Tuve que pedir apoyo a un guardia, quien vió mi pasaporte y me escoltó al interior, donde casi no había nadie en la fila para extranjeros. Ya dentro pregunté por qué había tanta gente y me explicaron la razón. Al salir recibí toda clase de sanciones, pero entendí la situación y no lo tomé personal. Después de todo, tenían todo el derecho de ser libres y de que se tratara por igual a nacionales y extranjeros. 

Nunca olvidé el incidente, antes me dijeron gitana, ahora mongola, ambos orígenes étnicos tenían su historia y destino. Tampoco olvidé al amigo de Tania, ni sus ojos azules, cabello rubio y su ansia de formar parte de una patria que sólo estaba en su imaginario. 

Cuando regresé para quedarme en México, se me presentaron oportunidades de conocer un poco de la historia judía, también empezaron a proliferar películas taquilleras del Holocausto, con lo cual aumentó mi interés, pues ya estaba enterada de que esas cámaras de gases o campos de concentración no sólo fueron para ellos, lo fueron también para homosexuales, comunistas y gitanos. Esa manipulación de una verdad cruel para todos me puso alerta. 

El interés me llevó a conocer datos interesantes de la vida y obra de los judíos de México y del mundo. Supe que, de una población pequeña a nivel mundial, hay una gran cantidad de personas de origen judío que han ganado premios nobel de ciencias. Soy asidua lectora del filósofo George Steiner y de él he aprendido mucho. Luego de leer Errata, examen de una vida, mi horizonte sobre ese grupo étnico y religioso se iluminó. 

Mi investigación continúa y hoy sé que esos soviéticos (sobre todo de Ucrania), que se fueron a Israel, forman parte de un grupo llamado jázaro. Los jázaros fueron un grupo que ocupó extensos territorios de Ucrania y de la ribera del Mar Negro, ese grupo, alrededor del siglo VIII, adoptó la religión judía, pues sólo tenían esa sopa o convertirse al islam o al cristianismo. 

En este tema, lo curioso es que la salida masiva de judíos jázaros fue promovida por el gobierno de Israel, algunos dicen que lo hicieron con la finalidad de fortalecer su presencia en los asentamientos recién quitados a Palestina luego de la primera Intifada (1987). No lo sé de cierto, pero suena lógico, finalmente, Gran Bretaña y la ONU se sacaron de la mangan al estado de Israel para mantener un punto geoestratégico en una zona petrolera. Porque siendo sinceros ahora me pregunto, ¿por qué la ONU no promueve una ley de retorno de mexicanos a los territorios que nos arrebataron nuestros vecinos del norte?, mínimo tenemos derecho a reclamar el retorno libre a la Alta California y Texas. El día que eso suceda, quizá crea que la ley de retorno proclamada para los judíos es justa. De momento no, como tampoco creo que sea justo y correcto reconocer que la capital de Israel es Jerusalem. Aunque nuestros tibios diplomáticos no se pronuncien como la situación lo requiere. 






28 de noviembre de 2017

Historias difíciles...

Por Fabiola Martínez

La juventud, las hormonas o la vida nos conducían a formalizar relaciones e incluso a celebrar bodas. Creo que en esa decisión coincidían a favor aspectos que nos planteaban esa decisión como algo sencillo: teníamos techo y comida gratis, servicios de salud, apoyo de un cuarto privado para cada pareja que se formara, si había hijos, éstos tenían servicios de guardería, medicina, cuidado, educación. En fin, un acto tan trascendental como es el matrimonio, se realizaba con poca consciencia del después.
Acostumbrados a este contexto de paternalismo, soviéticas y cubanos eran los que más rápido se casaban y tenían hermosos bebés. Las relaciones de amistad se estrechaban conmigo y con Valery al acompañarlos a bodas y visitas por la llegada de hijos. Los encuentros, paseos y reuniones ya eran en parejas y casi siempre era divertido.
Una de las primeras parejas cubano-soviéticas tuvo a su niña cuando yo cursaba tercer año. Ella era nativa de Kiev, tenía su apartamento y por ello, desde el matrimonio, él vivió fuera de la residencia con todos los permisos oficiales, ya que los extranjeros teníamos prohibido vivir fuera de los albdergues. Quizá fue en otoño o finales de invierno cuando recorrí en metro la mitad de la ciudad, recuerdo haber mirado por la ventana el paisaje cuando cruzábamos el río Dniepr, ya estaba oscuro.
El edificio donde X y Y vivían era grande y lindo, los apartamentos pequeños pero funcionales. Yo llegué preguntando directamente por la nena, la abracé y le hice los tradicionales guiños: gugu, gaga...
Ellos se veían desvelados, cansados, confundidos, creo que esa es la sensación que tenemos todos los padres primerizos. La llegada de un bebé nos cambia la vida para siempre, no quiere decir que el amor pasa pero se vive una crisis al interior de la pareja que no sé por qué chinas todo mundo trata de disimular, como si no fuera comprensible. En fin, X y Y estaban preocupados porque la niña debía ver al pediatra muy seguido, parecía ser que había una complicación.
Pasaron los días y le pregunté a Valeri por la bebé, y por sus amigos, quienes por cierto, eran muy nobles y buenas personas. Me dijo que él estaba mal, y más bien enfocado a sacar adelante los últimos meses de estudio. Obviamente pregunté la causa del malestar y bueno, se trataba de algos serio; la niña tenía alguna de las muchos tipos de "espina bífida", había nacido así. Fue entonces cuando encontré sentido a la falta de respuesta de la nena ante los estímulos de mis muestras de afecto.
En verdad me sentí mal por ella pero principalmente por ellos, quienes por supuesto no volvieron a ser iguales y tampoco convivieron de la misma forma, más bien se alejaron. Alguna vez, ya viviendo en Cuba, le pregunté a Valeri:
-¿Qué habrá sido de la vida de X y Y?, ¿cómo estará la niña?
-Ellos están en Cuba, tuvieron que venir después por asuntos médicos de la niña.
-¿Y ella está mejor? -pregunté en mi infinita ignorancia.
-La enfermedad de la niña no tiene cura, poco después de nuestra visita en Kiev, llevaron a la niña a una especie de hospital horfanato.
-¿Y qué pasó?
-Pues nada, allí se quedó ingresada...
-¿Para siempre?, ¿en serio?
-Sí.
Fue así como me enteré que en la URSS, es costumbre dejar a los bebés que nacen con discapacidades en lugares así. Es la única opción que había para esos niños. Desconozco la razón de tal costumbre, pero con esa información me quedó claro por qué no había niños discapacitados en las calles, ni uno.
Esta historia, aunque triste, no pretende juzgar a nadie. La gente que se enfrenta a tener entre su familia a un discapacitado de tal calibre tiene ante sí una serie de problemas y grandes retos por resolver. Lo sé porque mi hermana mayor, María Luisa, nació con un tipo de parálisis cerebral infantil que le permitía comer, caminar e ir al baño por sí misma; según nos explicó mamá, el neurólogo le dijo que el cerebro de Mary había desarrollado una capacidad similar a la de un niño de dos años.
Mi vida y la de mis hermanos siempre giró alrededor de las necesidades de Mary, aunque como hermanos éramos algo torpes, cuando todos nacimos, Mary ya estaba, así que no cuestionábamos nada. Mi madre nos enseñó a interactuar con ella como uno más de la banda, y su discapacidad lo permitía.
Madre iba a todos lados con mi hermana y, ahora que lo recuerdo, solían vernos con lástima, con morbo o como apestaditos. Los hermanos de mamá y mis primos se acostumbraron a Mary. Años más tarde, mi prima Alejandra, quien nació sana, enfermó gravemente, creo que de encefalitis. Mis tíos estaban deshechos, pasaron creo que más de un mes en el hospital. Si la memoria no me falla, Alejandra estuvo en coma, y cuando la dieron de alta los médicos enfatizaron que el cerebro de la niña estaba casi perdido, quedó totalmenter sorda.
Con mucha entrega mi tía se empeñó en las terapias de rehabilitación y tuvieron grandes logros. En algún momento Ale y Mary fueron compañeras de paseos y, hasta la muerte de ambas, como familia, compartimos aquellas miradas de asombro y morbo.

La razón por la que extendí tanto mi relato es para compartirles que, ante hechos como los que relaté, ninguna elección hecha por los padres es la mejor, ni la única. En su momento a mí me pareció un abandono dejar a la nena hospitalizada, pero con el tiempo y con un hijo en brazos, me di cuenta que, al menos en México, hay miles de familias que esconden a sus hijos, esta es también una forma de abandono.
Hace varios años, en México se difundió una iniciativa para crear centros de rehabilitación Teletón, una fundación creada por uno de los monopolios de comunicaciones que en su tiempo fue el más fuerte de México y Latinoamérica. Cada año ese Teletón recaudó millones de pesos, y construyó numerosos centros de rehabilitación en todo México. Personalmente yo conocí a una hermosa mujer que trabajó allí y que dio fe de los grandes logros que alcanzaban los pacientes niños que asistían.
Pero de unos ocho años a la fecha, los chairos y pseudointelectuales se dieron a la tarea de difamar al Teletón, sin presentar prueba alguna y con el único argumento que empleaban era criticar a la fundación por sacar en TV a niños discapacitados.

Desde el año pasado y en este año, Teletón fue acribillado en redes sociales y su recaudación de fondos se fue a la baja, lo cual, desde mi experiencia, me parece un acto social de total intolerancia y necedad. Creo que si mi hermana Mary hubiera tenido la oportunidad de contar con un centro así en Puebla, su calidad de vida habría sido mucho mejor. Creo que si el gobierno soviético hubiera implementado centros como los del Teletón, miles y miles de niños no habrían tenido que ser abandonados en albergues. Pero la masa mexicana habló y ese es su derecho, eso es lo que sucede cuando la gente ejerce su poder mediante un "like". Como dijo Humberto Eco "Las redes sociales le dan el derecho de hablar a legiones de idiotas".


14 de noviembre de 2017

Darek...

Por Fabiola Martínez Díaz

No recuerdo en qué época del año la residencia de Valeri fue desocupada para una reparación total, en verdad era un modelo viejo con corredores largos que propiciaban poco el encuentro y la charla.
Durante un ciclo escolar casi completo, mientras yo cursaba tercer año, Valery y compañeros fueron enviados a un edificio enorme, donde las habitaciones daban hacia el centro.

La cocina de la residencia también estaba en un lugar que propiciaba el encuentro de todos los inquilinos. Recuerdo a un muchacho de Etiopía que prácticamente todo el tiempo se alimentó con "kasha manaya", era muy simpático y conversador. Fue en la cocina donde conocí a Darek, un simpático estudiante polaco que era compañero de clase de Valeri. Recuerdo que Valeri había ido a buscar cierto condimento para hacer su comida y Darek estaba cocinando. Empezamos a conversar y me hizo saber que conocía a mi medio limón.

En poco tiempo Darek nos invitó a Valeri y a mí, y a otros amigos eslovacos y checos, a comer a su habitación. Recuerdo que cocinaba rico y le gustaba hacerlo, a mí su comida me sabía riquísima, porque ya estaba medio harta del con-grí cubano.

Yo no entendía por qué Valeri no socializaba más con ese grupo de compañeros, a mí me parecían de lo más interesantes. Quizás se debía a que a ese grupo de eslavos no les gustaba tanto el ambiente cubano, quizás porque a los cubanos no les gustaba que Valeri estuviera con "otros", socialistas sí, pero con una perspectiva de la vida muy alejada de la de los isleños.

Para mí fue un alivio ver y saber que Valeri podía entablar alguna relación fuera de sus paisanos. No digo que los cubanos de su grupo fueran malos, sino que solían repetir los mismos chistes y bromas, no había charlas profundas, o de la vida, tal vez porque tenían miedo a ser delatados. Como sea, Darek y sus amigos me abrieron otro panorama de la vida y el ser de otras personas del bloque socialista.

Una conversación con ellos era como estar en un lugar extraño. Cada uno tenía la tendencia de mezclar el ruso con su idioma natal, y como Valeri era mitad cubano mitad eslovaco, dominaba un poco de ambos mundos.

Me atrevo a pensar que todos nos agradamos, no sólo porque repetimos las reuniones, también porque organizamos algunas comidas en mi residencia y porque, en algún momento, Darek y mi mejor amiga se hicieron novios. ¿Puede haber alegría mayor?

La vida da sorpresas, y hubo grandes alegrías, Darek y Natasha se hicieron novios formales, casi todos los fines de semana nos reuníamos con Riita y Fausto a conversar y a beber vodka. Gracias a esas eternas charlas pude conocer el mundo de otras personas que vivían en sitios que conocía de nombre, mas no de la vida cotidiana.

En los largos inviernos, no nos cansamos de escuchar las historias de nuestra niñez, como cuando Riita habló de su costumbre de salir descalzos a caminar por la nieve rumbo al sauna. O cuando Darek nos contaba que la crisis en Polonia era tan grande, que quien tenía auto sólo podía sacarlo el fin de semana, por lo regular para ir a misa. Y allí conocí, de viva voz, sobre el enorme catolicismo polaco y su incansable resistencia. Por cierto creo que poco reconocida como elemento fundamental en la caída de la cortina de hierro.

Por el checo Radek Doctor conocí los anhelos de Checoslovaquia y un poco de su punto de vista sobre la Perestroika, que por cierto no coincidían con el de los cubanos. Darek y Radek eran hombres sociables y de carácter noble.

Yo me casé un 23 de enero de 1990 y Natasha y Darek se casaron en abril del mismo año, para la fecha de su boda yo ya estaba embarazada y Valeri estaba de regreso en Cuba. Darek tenía la opción de pasar temporadas en Polonia y en Kiev y, a pesar de lo costosa que era la vida en Polonia, siempre se las arreglaba para comprarme algunos plátanos. Con ese regalo me hacía muy feliz, pues sólo podía pensar en fruta, era el final del invierno y para entonces, no había fruta alguna.

Natasha, Riita, nuestras parejas y yo, pasamos momentos hermosos en los dos últimos años de mi estancia en la URSS. Hasta hace unos dos o tres años que las redes sociales me permitieron volver a encontrarme con ellos, yo viví añorando esos tiempos de cuando se tiene la certeza de contar con gente hermosa y buena, algo que no me era tan fácil en mi país.

La dinámica de nuestra vida de adultos poco me permiten platicar con Riita o con Naty, pero a mi corazón y alma le basta verlas en las fotos que publican. Hemos madurado mucho, el tiempo nos ha dejado un par de huellas en la piel, pero, al mirar los ojos de cada una, sigo encontrando a las chicas inteligentes, audaces, incondicionales y hermosas que conocí.

Tengo tanto que agradecer a la vida...

Darek, te dedico esta entrega, por la amistad, por el gusto de haberte conocido y, sobre todo, por estar al lado de mi mejor amiga y confidente. Natasha.

En mi habitación, 1989, Naty, Darek, Radek y los otros chicos. 

Con mis grandes amigas en la sesión de fotos de la boda de Naty y Darek