31 de mayo de 2016

Cuando el tiro sale por la culata...

Por Fabiola Martínez

Poco antes de los exámenes finales, ya no recuerdo bien, todas las facultades preparatorias de la ex Unión Soviética preparaban una вечег "мы уже говорим по-русски", que es un festejo cultural para celebrar el fin de curso pero, sobre todo, para demostrar que todos los extranjeros que llegamos el verano pasado, habíamos aprendido a hablar ruso.

En mi preparatoria, como creo que sucedía en la mayoría de las preparatorias de ese país, los estudiantes se agrupaban por país de origen y preparaban algún baile, pieza musical o ejecución relacionada con su cultura nativa, alternándose con recitaciones y cantos en ruso. Ese era el tenor de la famosa вечег; al menos en la ciudad de Jarkov.

Los soviéticos tendían a ser perfeccionistas en cuanto al montaje de sus bailes o la celebración de sus festivales, por lo que la preparación de la вечег ocupó un tiempo para su preparación. Lamentablemente ni Martha ni yo estábamos enteradas de que esto sucedía; nos enteramos por accidente, cuando faltaba sólo un par de días para tan esperado festival.

Casi en todas las sociedades la marginación social se usa para castigar un acto moralmente inaceptable. A ella recurre, por ejemplo, un colectivo para enfatizar que una o varias personas han procedido fuera de lo que socialmente se espera de ellos: exclusión social de los asesinos, violadores, ladrones, defraudadores; de este último suelen ser exceptuados los políticos y empresarios.

Hay también una tendencia a excluir, quizá a quienes se divorcian o cometen adulterio, en este contexto la exclusión social suele recaer en las mujeres y, las principales ejecutoras de tal castigo son, lamentablemente, otras mujeres.

Los paradigmas que construí sobre un país donde todo es mejor, incluían la inexistencia del machismo, la igualdad entre hombres y mujeres... Y bueno, siendo la URSS la opción más cercana a esa utopía, pensé que al vivir allí estaba a salvo. ¡Grave error!

Ni Martha ni yo nos enteramos de los preparativos de la viecher мы уже говорим по-русски (Nosotros ya hablamos rusoporque quien organizaba era la maestra de fonética, quién había resuelto excluirnos de la celebración para castigar nuestra falta moral de andar por los pasillos en short.

Pasados treinta años del suceso, sigo convencida que la maestra de fonética disfrazó la venganza o enojo personal con el castigo social de la exclusión. Pero cuando las personas, como mi maestra de fonética, elaboran planes para fastidiar a otros, deben considerar el carácter y los principios de sus contrincantes, de lo contrario, corren el riesgo de que el "tiro les salga por la culata."

Al conocer la bajeza de nuestra profesora de fonética, Martha y yo decidimos sacar la casta. Entre los cassettes nuestros y el de los compatriotas, buscamos alguna pieza musical acorde con la ropa típica que llevaba Martha. Preparamos un baile chiapaneco y empacamos un maletín con todo lo necesario para arreglarnos y participar en el festival.

Investigamos la hora de reunión de todos los participantes y nos colamos a los vestidores del teatro de la prestigiada Universidad Vasily Karazin. La profesora de fonética advirtió nuestra presencia cuando Martha y ya estábamos vestidas. Creo que con la mirada nos dijimos todo, ella no daba crédito a nuestros arrestos y nosotros le hicimos saber que no habría poder humano que impidiera nuestra participación. Sin que hubiera palabras de por medio, de última hora, la maestra nos colocó en alguna parte de las intervenciones.

Debo confesar que la indignación que nos embargaba se diluía a pasos agigantados cada vez que alguno de nuestros compañeros ejecutaba un baile tradicional de su país. Pronto fue nuestro turno. Aunque ya antes había estado sobre un escenario, este día todo fue diferente. Sentía emoción, nervios y sobre todo, una gran sensación de orgullo y responsabilidad por representar a México. Lo hicimos bien y recibimos muchos hurra de júbilo por nuestro país.

De todos los bailes y cantos de mis compañeros, el que guardo íntegro en mi memoria y corazón fue el de los alumnos de Chipre. Su danza era similar a la de los griegos, me di cuenta de todo lo que tenían en común ambos países, disfruté de la alegría con la que todos los chipriotas bailaban trenzados de los brazos.

Mi enojo por las injusticias vividas desaparecieron, su lugar lo ocupó la sensación de bastedad del mundo y de sus culturas. No volvimos preocuparnos de nada mas que de sonreír y disfrutar. Yo estaba feliz tomándome fotos con mis compañeros. La viecher "мы уже говорим по-русски" significaba el inicio del fin de un año muy difícil al que casi todos sobrevivimos. Predominaba entre todos el sentimiento de alegría, satisfacción y hermandad. ¡Y cómo no!, habíamos sido compañeros, amigos y confidentes en un viaje que muchos pensamos no terminar, pero lo hicimos.

Mi madre no educaba con refranes populares y a sus hijas solía decirnos que "el peor enemigo de la mujer es otra mujer". Quizá al leerme, habrá mujeres que les desagrade esta aseveración pero en un mundo donde predomina el patriarcado la sentencia es real, muy a mi pesar. Creo que el quid de este asunto no radica en detenerse a lamentarse por lo que se piensa, se hace y se dice respecto a mujeres que actúan como mi maestra de fonética, radica en la manera como salimos adelante a pesar del aislamiento y castigo moral que nos imponen otras mujeres.





24 de mayo de 2016

Efervescencia

Por Fabiola Martínez 

Desde que comenzó a ser más cálida la temperatura, Natasha y Lila nos invitaron a organizar nuestra ropa de invierno para guardarla en la cámara de seguridad, la idea era, además, sacar nuestra ropa de verano. En el pequeño perchero clavado en la puerta de entrada sólo quedaron las chamarras ligeras y algunos suéteres, por si acaso. 

Como parte de la preparación para los días cálidos, se organizó un subotnik o trabajo colectivo para retirar de las ventanas la protección invernal. Toda la residencia estaba trabajando con muy buen ánimo. Martha y yo nos sentíamos tan bien con el clima que vestimos shorts para el subotnik. También subíamos y bajábamos las escaleras con prontitud y ligereza, como queriendo devorar cada segundo del día. 

Ese sábado, casi todas las latinas optamos por vestir pantalones cortos, los míos como el de otras chicas, descubrían la pierna completa. Nunca me imaginé que esa prenda me traería un gran problema... 

En una de las ocasiones que subía la escalera como "chiva loca", venía bajando mi maestra de fonética, la que nos hacía cantar y cantar, aquella que tantas veces nos revisó la ropa de invierno y que tenía a cargo parte de la supervisión de la residencia. Cuando la profesora nos vio, barrió su mirada de arriba a abajo escandalizándose de una manera desmesurada. De una forma casi teatral, la profesora se llevó la mano al pecho y nos dijo: 

¡как вам стыдно! (cómo no les da vergüenza), ¡cómo es que caminan casi desnudas en la residencia!, ¡pronto, vayan a cambiarse de ropa! 
—No nos avergüenza nuestra ropa... y no nos la cambiaremos, en nuestro país esta ropa es muy decente, es para clima cálido, así que estamos bien. 

Martha y yo rezongamos por inercia, reconozco que pudimos defendernos mejor, pero el ímpetu de la edad y el hecho de haber sido interceptadas de esa forma arruinó lo que pintaba ser un día de alegría, pues todos los jóvenes de la residencia bullíamos yendo de un lado a otro. Además, no podíamos creer que en ese país hubiera personas tan "moralinas", se suponía que estábamos en la tierra de la igualdad y la justicia. 

Ya en el cuarto, y muy indignadas, le contamos a nuestras compañeras soviéticas lo que nos pasó, sólo se rieron y dijeron que sería común encontrarnos con personas como la maestra de fonética, sólo entonces me detuve a mirar la ropa que ellas llevaban, ambas vestían una especie de bata de casa a la altura de la rodilla. ¿Por qué hasta ese momento me detuve a mirar lo que vestían los demás?

Desde hace poco más de veinte años me di cuenta que, cuando se es inmaduro o cuando algo o alguien nos hace sentir mal por nuestra apariencia, comenzamos a mirar a "los otros" enfocándonos en lo que consideramos son defectos físicos o mal gusto en cuanto a ropa, música, peinados, creencias... En fin, nos detenemos a fastidiar para minimizar el malestar que sentimos. 

Ante tal regaño, Martha y yo decidimos continuar subiendo y bajando escaleras para colocar nuestras cosas en la cámara de seguridad y, de paso, para mirar lo que otros compañeros llevaban puesto, pronto dejamos de mirar y comenzamos a criticar abiertamente. Por cuestiones de idioma no dijimos nada sobre las latinas y nos enfocamos en los africanos. 

Pero tarde o temprano la vida nos coloca en mejor perspectiva, en nuestro caso fue muy temprano, o muy pronto, pues en esa ruta de subir y bajar escaleras nos oyó un africano. Para nuestra sorpresa, nos increpó en un español muy castizo. 

En la torpeza de quienes "sólo ven la paja en el ojo ajeno", en lugar de reaccionar apenadas por lo que estábamos haciendo, lo que hicimos fue cuestionarlo.

—¡Cómo es que hablas tan bien el español si eres africano!— Lo sacamos de balance, además de hacerlo enojar más. 
—En Guinea Ecuatorial hablamos un español mejor que el de los latinoamericanos. 
—¿Existe ese país?, ¿en verdad aprendiste español allí o lo estudiaste en España?
—¡Son unas ignorantes!, hay varias Guineas en África, Guinea Ecuatorial está casi en la mitad del continente, del lado Atlántico, nos conquistaron los españoles y hasta hace pocos años fuimos colonia. ¡Somos mejores que los latinoamericanos por mucho, empezando por el dominio del castellano!

Por fortuna, entre tantos tropiezos, Martha y yo recobramos la cordura, nos disculpamos con el chico de Guinea Ecuatorial y seguimos nuestro camino, esta vez en un talante reflexivo, hablamos de las sorpresas que da la vida y de lo fácil que olvidamos las lecciones aprendidas a base de meter la pata criticando a los demás dando por hecho que nadie domina nuestro idioma. 

Actualmente en México, el tema del bullying es abordado por numerosos especialistas, se elaboran programas de prevención y combate pero pocos van a la raíz; adultos infelices, insatisfechos o enojados con la vida que educan niños en un ambiente de violencia verbal y psicológica que se asume como normal. Entre mis consanguíneos hay familias enteras que, desde que tengo uso de razón, basan sus relaciones en burlas y en hacer sentir mal a los demás. Aún hoy, cuando la mayoría ya rebasa los cuarenta, el sentido fundamental que dan a sus relaciones familiares sigue partiendo de las mismas premisas. 

Hay gente que lidia con el malestar social y personal de otra manera. Mi profesora de fonética, por ejemplo, tomó a título personal el incidente de los pantalones cortos y de nuestra respuesta, reservándose el cobro de la factura una manera muy baja. Ya les contaré... 

17 de mayo de 2016

Víspera de verano

Por Fabiola Martinez

Conforme nos acercábamos al verano el clima permanecía templado por más tiempo y nuestro cuerpo lo sabía. Caminábamos más ligeros y sonrientes. Yo me aplicaba mucho más en mis estudios y las mejoras eran evidentes; además, cada día que pasaba era un día menos para ver a mi familia, ¡cuánta dicha! 

La Geografía se había convertido en una de mis clases favoritas, sobre todo porque el salón empleado para esa asignatura estaba lleno de muestras de rocas, tipos de tierra, láminas espectaculares... La luz del sol duraba cada vez más tiempo con nosotros y eso aumentaba nuestra felicidad. 

No sé si a todas las personas les haya sucedido pero, ahora que recuerdo y escribo esta entrega, me percato de que cuando los estados de felicidad eran más prolongados,  yo tendía a dar por hecho que todos la estaban pasando tan a gusto como yo, pero hasta en el día más feliz se aprende algo nuevo y difícil de explicar. 

Por alguna razón los profesores de ruso eran más sensibles al estado anímico y físico de cada uno de nosotros. Como a finales de la tercera semana de mayo, estando en clase de ruso, mi profesora se dio cuenta de que uno de mis compañeros de Jordania, Majmud, había adelgazado notablemente y tenía unas ojeras enormes, con un tono preocupado preguntó: 

—Majmud, ¿te sientes bien?, ¿acaso estás enfermo?
—No, Olga Yurevna, es que estamos en Ramadan. 
—¡Claro!, ya recuerdo, pero Majmud, en este país no puedes ser tan riguroso con el Ramadan, pues cada día que pasa el sol cae más tarde, te enfermarás. 
—¡Pero no puedo faltar a mi religión!

Muchos de la clase estábamos sorprendidos de la seriedad y respeto con la que la profesora y el jordano hablaban del tema. Para mí fue un golpe de realidad percatarme de la mirada angustiada, cansada y quizá desesperada con la que Majmud respondía a las preguntas de la profesora. 

—Majmud, por favor respira y escúchame con atención. Nadie te pide que no respetes el Ramadan, sólo te pido que no te esperes a comer hasta que anochece, te ves mal... 
—Me veo mal porque además del ayuno, me estoy preparando para los exámenes, no puedo reprobar o me mandarán de regreso a mi país, y si regreso, me voy directo al servicio militar. —Sus grandes ojos se cristalizaron. 

Otro compañero libanés aprovecho el espacio generado por la charla y también se desahogó. 

—Olga Yurevna, muchos de nosotros vinimos aquí para que nos perdonaran el servicio militar. Usted no sabe, pero todos en mi país, al cumplir dieciocho vamos al ejército por dos años, sin excepción, nadie desobedece las órdenes del Rey. ¿Y sabe?, allá nos mandan a cuidar la frontera con Israel, que siempre tiene conflictos armados con Palestina. Además estamos cerca de Líbano, que también tiene serios problemas. Dicen que no hay guerra, pero en esos lugares mueren muchos jóvenes todos los días. Nosotros no queremos morir. 

Desde que inició la charla permanecimos mudos, primero porque no sabíamos de qué se trataba el Ramadán y tratábamos de deducir el rumbo del tópico, luego por la crisis de angustia de Majmud y más tarde al darnos cuenta de la situación que vivían nuestros compañeros jordanos. 

Aprovechando un momento de silencio, la maestra hábilmente canalizó la tensión que se había generado y cambió el rumbo del tema al preguntarnos si sabíamos en qué consistía el Ramadan. Todos hicimos preguntas y la profesora pidió a los jordanos que nos platicaran los usos y costumbres para celebrar esa festividad. Después de terminar la clase habló con ellos en privado. 

La escena que describí sigue tan viva en mi recuerdo como hace treinta años. En ese tiempo me sentí afortunada y valoré la paz que se vivía en México. Claro que, por muy ingenua que fuera en aquel entonces, sabía que esa paz no era absoluta, creo que pocos países la viven. Sólo di gracias a la vida porque nadie de mi familia estaba obligado a ir a la guerra de nadie. 

Lamentablemente, la situación de México ha cambiado de manera radical desde el año 2001. Paradógicamente, a estas alturas de la vida, doy gracias porque mi familia y amigos transiten a salvo de una entidad federativa a otra, o de una delegación a otra. ¿Cómo llegamos hasta este punto?

Desde mi experiencia creo que los mexicanos, todos, hemos sido los más grandes desdeñadores de nuestra riqueza natural, cultural y social, todos los días la vendemos al mejor postor y lo hacemos a través de los quehaceres más insignificantes; mediante cada gesto o actitud cotidiana, con nosotros mismos y con las personas que decimos amar. ¿Recuerdan la teoría de la ventana rota?, estoy convencida que ésta aplica a caso todos los ámbitos de nuestra vida personal. 



  








3 de mayo de 2016

"La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos" [M.T. Cicerón]

Parte 2

Por Fabiola Martínez 

ANCIANA. Llévame y ven conmigo...
JOE. —Pero yo no estoy solo aquí; alguien quiere que me quede.
ANCIANA. —Me alegra por ti, como si hubieras venido de vacaciones a la isla... El sol no te puso rojo, sólo te tostó [...], no tiene nada de raro, pasa todo el tiempo. Así que llévate un lindo retrato pero no te engañes, aquí también estamos más solos que nada, si tenemos suerte, tenemos un lindo retrato para llevarnos. 
JOE. —¿Tú tienes un lindo retrato?
ANCIANA. —Sí. 

Meet Joe Black? es una película del año 1998, de ella me encanta el enfoque sobre la percepción de la muerte, además de tener diálogos sencillos y llenos de realidades sobre el qué y el cómo los humanos nos aferramos a la vida en las condiciones que dicta el ciclo la naturaleza de nuestra base biológica. 

El diálogo que uso al inicio me gusta mucho para continuar con mi tema, porque nuestros muertos perduran vivos en la medida que tenemos recuerdos, memorias o el "lindo retrato" de ellos. Quizá por esto, y para no olvidar la barbarie de la que sólo los seres humanos somos capaces, existen días de conmemoración, como el 9 de mayo Día de la Victoria, mismo que otros europeos conmemoran el día anterior sólo por ajustes de los husos horarios. 

Pienso que, independientemente de la función conmemorativa que originalmente tuvieron las llamadas Tumbas del Soldado Desconocido, la visita a cada impactante lugar me invitó a pensar que veinte millones de muertos es una suma muy grande aún para un país tan basto como la Ex Unión Soviética, que si Steven Spielberg no tuviera tan acaparado el tema de la Segunda Guerra enfocada hacia sólo hacia el Holocausto judío (con unos seis millones de muertos, cifra enorme y ofensiva pero no exclusiva), podrían hacerse excelentes documentales o películas basados en testimonios o hechos históricos de la muy lastimada Polonia, por ejemplo. 

Pero más importante aún, esos sitios de conmemoración me hicieron pensar que cada persona enterrada allí era amigo, hijo, hermano, esposo o mujer de alguien. Que su muerte, ya fuera en batalla, por bombardeo o simplemente por hambre significó, para alguien, la pérdida de un confidente, de un irremplazable amigo o bastión familiar o social. 

Desde mi experiencia, la muerte de un ser amado por consecuencias de la vejez o el desarrollo de una enfermedad grave, como el cáncer, es un suceso indeseable e incluso impensable que tarde o temprano aceptamos por ser parte de la ley de vida. La muerte por guerras, limpiezas étnicas, rapacidad, dominio, control o simplemente porque vender armas a gran escala es uno de los mejores negocios del mundo y activa la economía de las potencias económicas del planeta forma parte de los actos más humanos y aberrantes que se puede pensar, pues sólo el humano fabrica y negocia con la vida y la muerte, ningún otro animal o ser vivo sobre la Tierra. 

Hoy en los noticieros se recordó la destrucción de la emblemática Palmira, acontecida hace poco. Horrorizada me di cuenta que en ningún lugar de la civilizada Europa hubo expresiones de rechazo a tan irreparable pérdida del patrimonio de la humanidad. No apelo a la conciencia de los estadounidenses de a pie porque quizá no logran ubicar en el mapa dónde está Palmira. En Latinoamérica estamos muy ocupados en nosotros mismos y dar valor a todo aquello que divierte, hace bullying o se convierte en trending topic que en tomar conciencia de todo el patrimonio humano que se pierde día con día, incluido por supuesto, el nuestro. 

En un mundo globalizado ¿Cómo podemos conservar nuestra memoria colectiva con la pérdida constante de lugares tan valiosos como las ciudades antiguas de Palmira o la destrucción incesante de Iraq, nuestra antigua Mesopotamia? 

Incluir en la educación el valor de la paz parece una tarea imposible, pero hasta el último aliento conservo la esperanza, sí y sólo sí la educación de los valores universales se realiza de manera tal que se convierta en un aprendizaje significativo y no sólo para llenar la currícula escolar. 

Se me ocurre que, ahora que se acerca el aniversario del Día de la Victoria, en una conmemoración a escala mundial, se incluya (además del genocidio de judíos, comunistas y homosexuales, principalmente de Polonia y Europa del Este), la mención de otras emblemáticas masacres ocasionadas por los apetitos humanos, como el genocidio armenio, el de Ruanda, de Guatemala, Camboya, China (bajo el dominio de Mao Tse Tung) o el Golodomor ucraniano. 


Si no conocemos el valor de la paz, ¿es posible construir una vida plena y digna donde cada individuo pueda obtener para sí un "lindo retrato" que pueda llevar a la hora de su muerte? A mi edad y con la afortunada vida que he tenido, ya tengo varios retratos lindos que llevar si hoy me tocara rendir cuentas ante Dios, eso no significa que quiera morir ahora pero digamos que ya he vivido, tengo una historia que contar en la que predomina la ilusión por la vida y la esperanza de poder forjarme un futuro. 

Creo que como adultos, es hora de ocuparnos en el tema para que los niños y jóvenes de México y de tantos y tantos lugares del mundo que viven sumergidos en la violencia y los conflictos armados, tengan la oportunidad de obtener para sí, mejores condiciones de contar con lindos retratos ya sea para llevar o para compartir. 

26 de abril de 2016

"La vida de los muertos perdura en la memoria de los vivos" [M.T. Cicerón]

(Parte 1)
Por Fabiola Martínez Díaz 

Como pocas veces sucedía en el calendario escolar, poco después del descanso del 1ro de mayo los estudiantes tuvimos un día de descanso más, el del "9 de mayo, Día de la Victoria". Ciertamente se conmemoraba un gran día no sólo para los soviéticos, sino para toda la humanidad, pues tiene que ver con la derrota de la Alemania Nazi y el inminente fin del horror de los horrores del siglo XX: la Segunda Guerra Mundial. 

"Si ignoras lo que ocurrió antes de que tú nacieras, siempre serás un niño", dice una frase de Cicerón. Aunque en mi formación académica básica tuve nociones de la Primera y Segunda Guerra mundiales, en ese tema trascendental yo seguía siendo una niña, pues  poseer un dato o tener una información no significa haber adquirido el conocimiento. 

Antes de llegar a la URSS tuve la suerte de ver en televisión abierta un documental con material grabado por los soviéticos donde se explicaba paso a paso los procesos de la guerra, creo que el documental se llamó Campanas Rojas, fue revelador conocer un punto de vista ajeno al libro de texto y ajeno a la versión estadounidense reducida a las películas de Hollywood. Recuerdo que cada sábado, sin falta, mi madre y yo miramos con atención cada parte del documental hasta la toma de Berlín. Fue aterrador pero valió la pena. 

De ese 9 de mayo de 1986, recuerdo haberme levantado tarde, haber caminado en otras rutas para ir por víveres y escuchar salir de diversos edificios la letra y música de la canción день Победы. También recuerdo haber pasado el día en compañía de mi amiga Diana Danzós, que para entonces ya estaba esperando a su bebé. 

En mi caso no era necesario emplear ese día para sensibilizarme sobre las condiciones y detalles de la Segunda Guerra Mundial en territorio ucraniano, desde mi llegada a Moscú y luego a Jarkov comencé un curso intensivo-vivencial sobre este tema. 

Cuando llegué por primera vez a Moscú y fui a la Plaza Roja, me llamó la atención la gran cantidad de gente adulta, hombres y mujeres mayores portando medallas de tipo militar, ya vestidos de civiles, ya vestidos de militares. Recién llegada a Jarkov también me impactó ver a personas mayores de edad, sobre todo a mujeres, portando insignias o medallas militares pero actuando como si hubieran perdido la razón, mi recuerdo más constante fue haberlas visto mirar al cielo y esconderse en las bancas del parque. 

Diana Danzós aclaraba mis dudas; solía explicarme que se trataba de veteranos de guerra que habían enloquecido con el paso del tiempo por los efectos traumáticos de la Segunda Guerra Mundial (habría valido la pena entrevistar a cada persona y familiar de aquellos parques) 

Otro aprendizaje vivencial sobre esta guerra fue la visita a la Tumba del Soldado Desconocido de Jarkov. Sucedió en la primera quincena de septiembre de 1985, casi ninguno de los estudiantes de la podfak hablábamos ruso, pero recuerdo que todos quedamos impactados sensorialmente. 

Cuando anunciaron la visita al lugar, imaginé encontrar una cementerio convencional lleno de sepulturas y lápidas... No fue así. El lugar era un sitio boscoso lleno de pasto y árboles; la imagen de la luz del sol pasando entre las ramas es imborrable... pero lo más impactando fue el sonido de un corazón latiendo... Todos estábamos en silencio, absortos por los efectos del entorno. 

Fue allí donde inició mi toma de conciencia sobre la guerra y la muerte que genera, también sobre la muerte causada por negligencias surgidas de la avaricia, la codicia, la creencia humana de sentirse dioses (como en el caso de Chernobyl y un sin fin de casos de la actualidad) 

Hasta este momento sigo pensando que ningún sitio web o dispositivo digital sustituyen los aprendizajes vivenciales de los alcances de la guerra y el valor de la paz; este aprendizaje surgirá en las personas a partir de la toma de conciencia, de la reflexión, de la autocrítica, entre otras herramientas. 

La información digital y los dispositivos a través de los cuales la adquirimos, sólo son invaluables herramientas, hace falta conversar sobre estos temas en un ambiente de respeto y tolerancia, no de imposición de opiniones; también hace falta evitar, a toda costa, acostumbrarnos a los hechos que implican muertes violentas y enfrentamientos armados y verlos como algo "normal" o como parte de lo cotidiano. Lamentablemente esto está ocurriendo en México y en bastas zonas del mundo. 

Es más, la muerte violenta por conflictos armados es tan natural en nuestro país y en otros lugares del llamado tercer mundo, que ya ni somos noticia relevante, como lo es un ataque a una estación del metro de Bruselas o al Bataclan de París, hechos dolorosos y lamentables que tienen coberturas interminables y sobre los cuales se pronuncian los dueños del mundo... perdón, los presidentes de las potencias del mundo. Hechos usados, también, como pretexto de intervenciones armadas y como medida de control a unas muy horrorizadas sociedades europeas y estadounidenses que cederán a lo impensable para no perder su status quo

Ucrania fue un territorio muy castigado por la Segunda Guerra Mundial y por el régimen estalinista; Ucrania es un estado que actualmente vive conflictos armados violentos que el mundo prefiere ignorar. Ayer en México se vivieron enfrentamientos armados en Acapulco, ayer también se habló de la "niña de la maleta", y me pregunto ¿por qué hemos aprendemos más rápido a vivir con los conflictos armados, los infanticidios, homicidios y feminicidios?